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domingo, 25 de noviembre de 2012

“La voluntat de un poble?”


¿La voluntat de un poble, que sus dirigentes desmantelen un estado del bienestar labrado durante décadas? ¿La voluntat de un poble que sus dirigentes cobren los salarios mas altos de todo España para mostrar una ineficiencia similar o mayor? La voluntat de un poble que sus proclamados lideres les mientan constantemente? ¿La voluntat de un poble que esos lideres despilfarren las arcas publicas sin mayor vergüenza?

Dado que CiU no plantea mayor programa de política económica y social (aunque luego queda claro que al final sus políticas se concentran en recortes indiscriminados y medidas solo favorables para los ricos) y su única basa es en el “poble”, cabe preguntarse que entiende CiU por poble. ¿Entiende por pueblo los millones de desempleados de más que están dejando sus políticas? ¿Entiende por pueblo los jóvenes a los que esta dejando sin oportunidades? ¿a los desfavorecidos de los que se esta olvidando? ¿a los desahuciados por sus bancos? ¿O entiende por pueblo los intereses de los suyos y sus allegados con quienes se apropia de todo lo que puede? ¿De aquellos que, mientras otros duermen en la calle, se gastan millones en fiestas, coches y viajes?

No tengo claro quien pueda ser el mejor partido para Cataluña, pero lo que si tengo claro es el gran error que es darle la mayoría absoluta a un partido que no ha sabido hacer otra cosa que manipularnos a los catalanes. Un partido que no ha sabido afrontar sus responsabilidades y cuya estrategia ha sido la facilista de culpar a España y a los demás por todo. Un partido oportunista a nivel ya rastrero, que aprovecha la difícil situación en pro sus propios intereses particulares. Un partido que busca la mayoría absoluta a base de engaños para apropiarse de Cataluña, sus recursos y hacer lo que le plazca no por el bien de los catalanes, no se dejen engañar, sino por su propio bien.

Voy a ponerlo clarito, para ayudarle a quien no a querido verlo. Artur Mas y los suyos solo piensan en sus intereses. Apelan al nacionalismo, conscientes de la fuerza de ese sentimiento y de que tal sentimiento anula el uso objetivo de la razón. Así, desvían la atención de sus constantes mentiras y fracasos y esperan un apoyo mayoritario aprovechando una situación de crisis para fortalecer sus intereses y apoderarse mas de los recursos de Cataluña. Simple.

Estamos llevando a Cataluña a convertirse en eso contra lo que precisamente muchos pelean. Una Cataluña fascista, donde solo un partido gobierne, donde el nacionalismo extremo obstruya el uso de la razón y el diseño inteligente e implementación sensata de políticas económicas y sociales. Una Cataluña que desconoce las necesidades de su pueblo! Esa no es la Cataluña que quiero ni que creo que queremos la inmensa mayoría. Desde luego no es la Cataluña que nos conviene.

En España un gran error fue darle la mayoría absoluta a un solo partido (peor aún siendo el PP, pero en eso no quiero entrar). En Cataluña sería un nuevo gran error darle la mayoría absoluta a un solo partido. A pesar de que nos digan lo contrario con argumentos ilusorios, para que una democracia sea sana es fundamental una oposición fuerte.

¿Para CiU donde queda la voluntad de al menos 3 millones, según estadísticas, de los alrededor de 7 habitantes que tiene Cataluña, cuya voluntad es claramente ser catalanes como españoles? ¿Dónde queda la voluntad de casi todos de tener unos gobernantes que realmente defiendan los intereses de todos? ¿La voluntad de que se preocupen por lo que realmente define nuestro bienestar? La voluntad del pueblo es que sus dirigentes trabajen por generar empleo, no por destruirlo, por prestar servicios públicos, no por desmantelarlos, por gestionar nuestra riqueza, no por robársela. Que trabajen desde la honestidad, no desde la mentira.

Feliz día, me voy a votar. 

sábado, 24 de noviembre de 2012

La madre de todos los males! Pobreza, desigualdad y escasa movilidad social en Colombia


Durante los últimos años el debate sobre la pobreza en nuestro país ha retomado fuerza. Tras muchos años relegadas frente a otras prioridades como el conflicto armado y el narcotráfico, las políticas sociales y la lucha contra la pobreza han vuelto a lo más alto de la agenda política (en especial desde la llegada de Santos a la presidencia). De hecho, gracias a esa nueva voluntad política, pero en especial gracias a varios años de bonanza económica tras la crisis de principios de siglo, hemos visto una mejoría. Según los datos del Departamento Nacional de Planeación, y usando la nueva metodología, el porcentaje de colombianos por debajo de la línea pobreza (por ingresos) fue del 37.2% en 2010 mientras lo fue del 40.2% en el 2009. Por su parte el porcentaje de colombianos en indigencia (pobreza extrema) fue del 12.3% (más de 5 millones de colombianos) en el 2010 frente a 14.4% en el 2009.

Sin embargo, Colombia sigue siendo uno de los países de nuestro entorno con mayores niveles de pobreza extrema, y lo es de forma excesiva para su nivel de ingresos, clasificado por estándares internacionales como de medio alto. Por ejemplo, y sin ir muy lejos, Ecuador con 36%, Perú con 31.3% y Venezuela con 29%, tres de nuestros vecinos y todos también países de ingresos medios altos, tienen niveles inferiores de pobreza. De hecho, Colombia, tras Bolivia, se mantiene como el segundo país de Sur América con mayores porcentajes de su población en situación de pobreza y pobreza extrema.

¿Por qué reducir la pobreza en Colombia es una tarea tan ardua? ¿Cuáles son las causas, dinámicas y consecuencias que perpetúan la pobreza en nuestro país? La revista The Times resalta esta semana en portada el papel central y determinante de la desigualdad en la actual crisis económica mundial y dedica todo un informe especial a analizar su evolución creciente en la mayoría de los países en las distintas regiones del planeta. El informe resalta a Latina América como la región más desigual del mundo. Pero igualmente resalta a los países latinoamericanos como varios de los que mayores esfuerzos han realizado para reducir dicha desigualdad durante las últimas décadas, haciéndolo mediante un gasto cada vez más progresivo – en especial en educación – y programas de transferencias condicionales a los más pobres. Así, la desigualdad promedio en los países de la región es la más baja de las últimas tres décadas. Un excepción resalta sin embargo: Colombia.

Nuestro país, a consecuencia de sus estructuras altamente desiguales, padece de una peor distribución del ingreso y de niveles de pobreza significativamente más elevados que la mayoría de los países de ingresos similares. El crecimiento económico sostenido no se traduce en reducciones significativas de la pobreza en Colombia sino en incrementos de los niveles de desigualdad del país. Colombia es hoy, tristemente y según datos internacionales del Banco Mundial, el país más desigual del mundo! Lo es mirando datos disponibles para el 2010 y 2011. El coeficiente de Gini (que mide la desigualdad de ingresos, siendo 1 desigualdad extrema y 0 igualdad perfecta y que subió al 0.560 en el 2010) fue el más alto de los países considerados. Nuestro país también fue primero si nos fijamos en la concentración de la riqueza en el 10 por ciento más afluente (una estadística de moda): en Colombia el 10 por ciento más rico concentra un 44.4 por ciento de los ingresos nacionales. Si también consideramos datos desde 2007, para completar una cobertura de 170 países (dado que no se disponen datos anuales para todos los países) solo Honduras, Seychelles y Sur África registran niveles de desigualdad mayores (además de República Centro Africanas en el caso de la concentración de la riqueza en el 10% más rico).

En Colombia los pobres están claramente excluidos de la generación de la riqueza. Las estructuras económicas y sociales de nuestro país condenan a las nuevas generaciones nacidas en pobreza a sufrir las mismas dificultades de sus progenitores; estamos también dentro de los líderes en menor movilidad social. Mientras en Perú existe una correlación entre la educación de los padres y los hijos del 0.5, en Colombia esa correlación es del 0.7 (según informes de Fedesarrollo). Dado que la educación es decisiva para definir el nivel de ingresos individual, eso significa que al tener pocas expectativas de una mejor educación la pobreza se vuelve hereditaria en nuestro país. Así, tan escasa movilidad social perpetúa la pobreza de muchos y desgasta los incentivos individuales de superación, tan fundamentales en las sociedades modernas que se proponen prosperar. En definitiva, en Colombia no solo la pobreza es excesiva, los pobres parecen tener muy pocas posibilidades de salir de ella.

Además de su papel central como causa y consecuencia de la actual crisis mundial, diversos estudios recientes, entre ellos varios del Fondo de Naciones Unidas para el Logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, enfatizan la desigualdad y la movilidad social como retos clave en la consecución de los objetivos de reducción de la pobreza y de desarrollo económico. Y es que reducir la desigualdad no solo nos permite reducir la pobreza directamente, también, al garantizar un mercado interno fuerte y dinámico y un mejor aprovechamiento de la fuerza humana de un país,  incrementa nuestras posibilidades de crecimiento económico a largo plazo (hecho contrastado ya por la comunidad científica), beneficiando tanto a pobres como a ricos.

Brasil es un ejemplo reciente. Hace mucho famoso por ser líder en desigualdad, galardón que le hemos arrebatado, Brasil ha conseguido mejorar significativamente su distribución del ingreso. Por el contrario en Colombia éste ha empeorado considerablemente (figura 1). Así, mientras la pobreza extrema se ha reducido a la mitad en Brasil desde 1989, en Colombia, a pesar de los avances recientes, sus niveles son prácticamente los mismos que hace 20 años (figura 2).

                


Brasil ha reducido sus niveles de pobreza gracias a un crecimiento económico sostenido, pero también, y en especial, gracias a una voluntad política fuerte y decidida. Desde programas gubernamentales de protección social a gran escala, coma la “Bolsa Familia”, a políticas encaminadas a incrementar el acceso a la educación secundaria, la implementación decisiva de políticas sociales redistributivas y de desarrollo humano ha sido fundamental. Y el ciclo positivo se refuerza; la reducción de la desigualdad en Brasil está garantizando un crecimiento económico mayor!


En Colombia, mientras conseguimos llegar a lo más alto del ranking mundial en desigualdad, poco sostenible será casi cualquier acción que realicemos en los otros grandes retos que afrontamos como sociedad. Con los niveles de desigualdad que tenemos hoy en día no conseguiremos eliminar la pobreza extrema, no pondremos fin de forma justa y duradera a la violencia, ni tendremos éxito en la lucha contra el narcotráfico. Bogotá seguirá estando “carísima” (como pone de relieve el reciente informe la Revista Semana sorprendente sin mencionar la desigualdad como causa del fenómeno). Una elevada desigualdad como la que experimentamos frena cualquier desarrollo y nos devuelve a afrontar los mismos retos una y otra vez. Si no atacamos de forma decidida este flagelo nunca seremos una sociedad prospera y, mientras otros países progresan, nosotros, como en Cien años de soledad, nos repetiremos en nuestros problemas. 

domingo, 21 de octubre de 2012

“True Progressivism”: A new form of radical centrist politics is needed to tackle inequality without hurting economic growth”


 I just want to share a very interesting article by The Economist*:

http://www.economist.com/node/21564556

It is not just the article but also the heated debate it generated (you can read up to 810 comments! Some of these are very good comments by top economists).

The central issue is inequality and its effect of economic growth. An issue that has recently become very popular and focus of attention for many, including Nobel prizes like Joseph Stiglitz and Paul Krugman (and which is also my current topic of research, although not Nobel prize yet!). An issue of high relevance worldwide, but especially in countries like Spain, characterized by economic stagnation, dramatic rising inequalities and social degradation.

Without wanting to agree or disagree with the proposals of the article, what is totally right is that we have come to a point where we have to successfully tackle inequality at the same time that we recover economic growth. It is indeed right that some degree of inequality is good for economic growth (inequality of outcomes that create the right incentives for work, innovation, risk and entrepreneurship). But is also right, as the article notes, that too much inequality becomes inefficient (for many reasons from deprived consumption, lower human and social capital accumulation, social unrest, etc.) In fact, deeply tested empirical evidence confirms that we need to tackle inequality no just for moral issues but also as it make sense in terms of efficiency.

What the article is not clear enough about, and I want to emphasize, is the role of raising inequality as key driver of the current economic crisis. Quickly raising inequalities have are now seen not just as a dramatic consequence of the current crisis, but also as a clear root cause of it and its persistence. The problem today is twofold: on one hand, economic growth has been let and encouraged to exacerbate income inequalities, on the other hand, the costs of the crisis have been forced to be born by the least favored. Thoughtful redistribution of wealth and income, but also thoughtful redistribution of the costs of the crisis is an urgent element of recovery. In first place, the costs of the crisis have to be responsible assumed by the wealthier. In second place, a refocus in higher equality of opportunities appears as a cornerstone of long-term sustainable prosperity.

*Thanking Jaques Pestieau, a well-informed and great economist, who shared the article with me in first place and whose insightful analysis and comments are of always of great value for me.

domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Independencia en tiempos de crisis? Cataluña, España y la fuerza de la definición positiva


Este es un artículo difícil de escribir, sobretodo si uno no quiere herir susceptibilidades (lo cual no es mi intención) y tomar partido de forma puramente ideológica y no reflexionada, como parece ser regla en los medios de comunicación estos últimos días. Un tema como la independencia es obviamente sensible y en el que todos tendemos a opinar con el corazón y el estomago, de forma impulsiva e ideológica. Pero pocos se paran a analizar de forma fría, detenida y neutral los por menores, detalles y complejidades del tema. Los cómo, los procesos, los resultados factibles. Y eso es precisamente por lo que abogo en estas líneas.

Las personas y los pueblos podemos definirnos de forma negativa o positiva. Cuando nos definimos de forma negativa alegamos a lo que no somos. Cuando nos definimos de forma positiva alegamos a lo que compartimos, entre nosotros y con otros. Como individuos la definición negativa nos lleva a decepciones y fracasos,  como naciones nos ha llevado a guerras y destrucción a gran escala. La definición positiva nos permite enriquecernos como personas y crecer, ha permitido que pueblos, a lo largo de la historia, reconozcan todas sus riquezas y las exploten para desarrollarse.

No quiero tomar partido por unos u otros. Como muchos, me siento y me defino como Catalán, pero también Español y Europeo (y como Colombiano y Latinoamericano en mi caso). Entiendo completamente la posición de unos y otros. Catalunya es una nación en si misma, con su historia, su luenga, su cultura, etc. Pero Cataluña también es España y Europa, donde viven y trabajan personas de todo origen y cultura, donde conviven ideas de todo tipo, donde se comparten y se mezclan grandes patrimonios.

La definición de Cataluña, como la de cualquier sociedad y su cultura es algo dinámico, que evoluciona y se enriquece con el tiempo, con las gentes que la componen y los intercambios que realiza con el resto del mundo. La fuerza de Catalunya, como la de cualquier otra nación, radica en el poder de las ideas y el trabajo de su gente, quienes aportan lo mejor de si, da igual su procedencia.

No vivamos en el pasado. Hoy por hoy lo que cuenta es Europa unida. Compartimos un mercado común, un moneda única y gran variedad de políticas coordinadas. Cuando esa coordinación ha fallado es precisamente cuando nos hemos metido en problemas como la actual crisis. Para que Europa salga adelante necesitamos una mayor unidad, no solo económica, también política. Estamos en el siglo 21 ¡seamos prácticos! En nuestros tiempos, la identidad nacional, como la individual, no tiene que estar definida por lo que no somos y por unas fronteras, irrelevantes en Europa. La identidad y el reconocimiento que buscamos debería venir por nuestro saber hacer, nuestro éxito como sociedad, nuestro ejemplo a los demás; en un marco moderno, de unidad y responsabilidad, en un contexto global inevitable. Cataluña y España tienen que apostar, junto con el resto de Europa, por salir de la crisis de forma conjunta, igualitaria y sostenible.

La apuesta más razonable, desde mi punto de vista, es una España federal (modelo de varios países prósperos del mundo), dentro de una Europa unida y plural a la vez, donde tanto sus estados, como regiones y ciudadanos, gocen de las mayores oportunidades para aprovechar al máximo sus capacidades. Todo lo demás son distracciones de lo realmente apremiante a día de hoy.

No seamos irresponsables, despertemos y no sigamos cayendo en el engaño de una clase política incompetente y sin escrúpulos. Apelar al sueño de la independencia en estos momentos es algo muy bajo, incluso los más catalanistas deberían sentirse insultados por sus lideres, quienes no buscan más que pretender minimizar una situación de crisis. La idea independentista está siendo utilizada como cortina de humo para desviar la atención  de una situación más relevante para la mayoría, en especial, para más de un 25% de la población que quiere trabajar y no lo consigue. Mientras hablamos de independencia sufrimos un acelerado desmantelamiento de los servicios sociales y del estado del bienestar,  vemos como se redistribuye la riqueza a favor de la elite, todo a través de la aplicación de políticas económicas fuertemente regresivas.

Basta de que nos metan los dedos en la boca, de que nos manipulen de esta forma tan absurda. No pensemos de forma equivocada que este es el momento de la independencia, que ésta va a solucionar los problemas de Cataluña, que así vamos a salir de la crisis, decidir nuestras políticas y como arte de magia ser un pueblo ideal, con políticos, banqueros y empresarios responsables. Ellos no van a cambiar de la noche a la mañana, son los mismos que nos llevaron a esta situación y que, independientes o no, van a seguir pensando solo en sus intereses. Los mismos que hace solo días todos criticábamos y frente a quienes nos indignábamos. ¿Qué pasa, que ahora el president Mas (que, como Rajoy, se ha dedicado a aplicar políticas precisamente opuestas a las que prometió) ha pasado de bandido a héroe solo por defender a Cataluña en Madrid (mientras sigue permitiendo el despilfarro de los recursos de los que Cataluña cuenta a su vez que aprieta a sus ciudadanos más desfavorecidos)? ¿Acaso Caixa Catalunya en una nación independiente va a solucionar los problemas en los que metió, con sus prácticas financieras irresponsables, a tantas personas? ¿O va a devolver La Caixa el dinero de tantos pensionistas a los que engañó? ¿Y los empresarios catalanes? Los mismos que desmontaron el tejido industrial catalán por apostar al dinero fácil pero irresponsable del ladrillo y del turismo barato, ¿van de repente a pensar en el futuro de su país?

Pensemos primero en el tipo de sociedad que queremos, en las políticas económicas que vale la pena defender y en como vamos a hacer para volver a generar esas oportunidades y no permitir que nuestra sociedad se siga fracturando como lo esta haciendo, primero debido a esta crisis y ahora en base a luchas identitarias complejas.

Cataluña podrá volver a prosperar, como pieza clave dentro de España y Europa, si cambiamos nuestros incentivos (seamos una nación independiente o no), si nuestra clase dirigente se compromete con el bienestar de su pueblo (independiente o no), si aplicamos las políticas económicas apropiadas, si apostamos por las industrias en las que tenemos potencial sostenible, sin invertimos y trabajamos por nuestro futuro; no aislándonos e intentando hacernos los ciegos ante los problemas y deficiencias serias que enfrentamos.