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domingo, 27 de enero de 2013

Desempleo y crecimiento económico




Acabadas las vacaciones y la ilusión de Navidad y las fiestas de fin de año, vuelve con fuerza la cruda realidad de nuestra economía española. El 2012 (en su momento el que iba a ser el año de la recuperación) lo cerramos con crecimiento negativo, y los pronósticos para este año (el que nuevamente según el gobierno “sí será el año de la recuperación”) desafortunadamente no son nada mejores (según el FMI en el 2013 nuestra economía se contraerá un 1.5%). Y la destrucción de empleo sigue siendo el peor lastre de esta situación, con cerca ya de 6 millones de desempleados, casi dos de ellos de larga duración (más de un año buscando trabajo) y casi otros dos de los restantes de muy larga duración (más de dos años buscando empleo).

A pesar de ello, de una forma totalmente incomprensible para la gran mayoría, la reactivación de la economía, y consecuente generación de empleo, sigue increíblemente sin ser la prioridad de las políticas del gobierno (ni de los autonómicos ni del central).

Unos niveles de desempleo tan altos y persistentes como los actuales llevan a un incremento dramático de las desigualdades. El daño de esta preocupante situación, y de la equivocadísima gestión de la misma, no solo lo sufrimos hoy, lo sufriremos durante muchos años más. Un análisis de la experiencia de diferentes países alrededor del mundo nos muestra como en aquellos países donde el desempleo ha sido alto y persistente en el pasado, las desigualdades han crecido y ambas cosas han reducido el desempeño económico a largo plazo, no solo por años, incluso durante décadas. Esto es lo que precisamente intento demostrar en “Unemployment and long-run economic growth: The role of inequality and urbanisation”, una de mis investigaciones recientemente publicada en La Revista de Invetigaciones Regionales 24 (accesible en el link adjunto para quien quiera darle un vistazo), y quiero resaltar aquí porque no creo que pudiera ser más relevante para la situación actual de España.

(http://www.aecr.org/images/ImatgesArticles/2012/12/7_David_Castells_Quintana,_Vicente_Royuela.pdf)

En los 80 y 90 muchos países, incluida España, experimentaron también tasas de desempleo altas y persistentes, y en muchos de estos países la desigualdad aumentó considerablemente. Aunque la situación no fue tan dramática como la actual, esos países han crecido significativamente menos hasta la actualidad. La razón es simple: el desempleo, y la desigualdad que genera, deprecian el capital humano y social de los países (sus dos mayores activos), no solo conduciendo a muchos a la pobreza, sino también mutilando la capacidad de toda la economía para volver a crecer.

Las políticas dirigidas directamente a generar empleo, y a reducir la desigualdad, no son solo urgentes dado el sufrimiento actual de nuestra sociedad, sino también si queremos mantener nuestras posibilidades futuras de volver a generar mayor prosperidad para todos. Aunque, como es ya previsible, este año tampoco sea el de la recuperación, mi esperanza es que al menos sí sea el año en que consigamos que los responsables de la política económica en Europa y en España se den cuenta de ello y replanteen como gestionan esta crisis y sus consecuencias.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Felices fiestas: Un respiro o un nuevo revés a la recuperación económica




Las fiestas de navidad son un momento para estar en familia, recordar a los amigos, volver a casa, perdonar, compartir con los que queremos, un momento para dar y recibir… para gastar!!!! Clichés y cursilerías al margen (que de eso ya hay muchos que escriben) la navidad es un momento crítico en la economía de un país y del mundo globalizado en que vivimos. Un momento en el que infinidad de empresas, y los empleados que de ellas dependen, se juegan el año y, en estas épocas de crisis, probablemente su supervivencia (solo en España cierran hoy por hoy a causa de la crisis más de mil de empresas al día).

Las navidades representan hasta un 25% de la facturación del año. Es el momento en el que el trabajo de meses se convierte en ventas o en pérdidas, despidos y cierres. Y todo depende finalmente del consumo de los hogares. Por triste y materialista que pueda sonar, las fiestas de navidad (y reyes en España) se basan en gastar, gastar y gastar. Al menos en términos económicos. Pero la economía lo es casi todo hoy, cuando la crisis se esta llevando por delante el empleo de millones, nuestro estado del bienestar, nuestra cohesión social e incluso la esperanza de muchos (cuando más de la mitad de los jóvenes que buscan empleo no lo encuentran).

El gobierno ha recortado el gasto social y la inversión pública todo lo que ha podido, justo cuando la economía más necesita lo contrario. Los bancos, a los que todos hemos rescatado, han cerrado el crédito a empresas y ciudadanos. Por último, las familias ya no pueden más. Con una tasa de paro que va por el 26%, el IVA ahora al 21%, los sueldos perdiendo capacidad adquisitiva año tras año, y la paga de navidad suprimida, el consumo familiar estas navidades se va a ver fuertemente contraído.

La pasada huelga general en España fue apoyada por muchos también como una huelga de consumo, en demostración del inconformismo frente a como van las cosas. Inconformismo totalmente justificado. Pero los principales perjudicados fueron los pequeños y medianos empresarios, los que generan (o intentan hacerlo) dos terceras partes del empleo del país.

Sin inversiones por parte del gobierno, sin el crédito de la banca, sin el consumo de las familias, el gasto de la economía, tan necesario para la recuperación económica, seguirá siendo muy escaso, y se notará con fuerza estas fiestas. El circulo vicioso se fortalecerá para empezar el 2013 (el que hace no mucho era el año de la recuperación pero que ahora auguran como el peor de la crisis): gasto escaso, cierres, menores sueldos, despidos, más desempleo y menos gasto.

No soy un materialista decidido, o al menos no pretendo serlo. Estoy convencido de que nuestra felicidad no depende enteramente de nuestro consumo. Además, creo firmemente que la riqueza consiste en necesitar poco, más que en gastar mucho. Sin embargo si soy economista, e intento ser uno sensato. Sin consumo, sin gasto, no hay ventas, sin ventas no se genera empleo ni se pagan sueldos, y sin empleo ni sueldos ser feliz, por poco materialistas que seamos, se vuelve bastante complicado.

Si queremos que nuestra economía vuelva a funcionar, vuelva a generar empleo y oportunidades, gobierno, bancos, empresas y familias, necesitamos entender la prioridad de recuperar la actividad económica. La política del ahorro no funciona, no en épocas de crisis. Hacer una huelga de consumo solo deja más personas sin empleo. La austeridad excesiva solo sirve para asfixiarnos. Ahogar hoy el consumo destruye nuestra economía y nuestras posibilidades de bienestar futuro.

Espero con todo mi corazón que estas fiestas signifiquen una oportunidad de felicidad para tantos que sufren esta crisis, pero si seguimos encaprichados en salir de ella de la forma en que lo estamos intentando (fallando estrepitosamente) estas fiestas no pintan muy felices.

domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Independencia en tiempos de crisis? Cataluña, España y la fuerza de la definición positiva


Este es un artículo difícil de escribir, sobretodo si uno no quiere herir susceptibilidades (lo cual no es mi intención) y tomar partido de forma puramente ideológica y no reflexionada, como parece ser regla en los medios de comunicación estos últimos días. Un tema como la independencia es obviamente sensible y en el que todos tendemos a opinar con el corazón y el estomago, de forma impulsiva e ideológica. Pero pocos se paran a analizar de forma fría, detenida y neutral los por menores, detalles y complejidades del tema. Los cómo, los procesos, los resultados factibles. Y eso es precisamente por lo que abogo en estas líneas.

Las personas y los pueblos podemos definirnos de forma negativa o positiva. Cuando nos definimos de forma negativa alegamos a lo que no somos. Cuando nos definimos de forma positiva alegamos a lo que compartimos, entre nosotros y con otros. Como individuos la definición negativa nos lleva a decepciones y fracasos,  como naciones nos ha llevado a guerras y destrucción a gran escala. La definición positiva nos permite enriquecernos como personas y crecer, ha permitido que pueblos, a lo largo de la historia, reconozcan todas sus riquezas y las exploten para desarrollarse.

No quiero tomar partido por unos u otros. Como muchos, me siento y me defino como Catalán, pero también Español y Europeo (y como Colombiano y Latinoamericano en mi caso). Entiendo completamente la posición de unos y otros. Catalunya es una nación en si misma, con su historia, su luenga, su cultura, etc. Pero Cataluña también es España y Europa, donde viven y trabajan personas de todo origen y cultura, donde conviven ideas de todo tipo, donde se comparten y se mezclan grandes patrimonios.

La definición de Cataluña, como la de cualquier sociedad y su cultura es algo dinámico, que evoluciona y se enriquece con el tiempo, con las gentes que la componen y los intercambios que realiza con el resto del mundo. La fuerza de Catalunya, como la de cualquier otra nación, radica en el poder de las ideas y el trabajo de su gente, quienes aportan lo mejor de si, da igual su procedencia.

No vivamos en el pasado. Hoy por hoy lo que cuenta es Europa unida. Compartimos un mercado común, un moneda única y gran variedad de políticas coordinadas. Cuando esa coordinación ha fallado es precisamente cuando nos hemos metido en problemas como la actual crisis. Para que Europa salga adelante necesitamos una mayor unidad, no solo económica, también política. Estamos en el siglo 21 ¡seamos prácticos! En nuestros tiempos, la identidad nacional, como la individual, no tiene que estar definida por lo que no somos y por unas fronteras, irrelevantes en Europa. La identidad y el reconocimiento que buscamos debería venir por nuestro saber hacer, nuestro éxito como sociedad, nuestro ejemplo a los demás; en un marco moderno, de unidad y responsabilidad, en un contexto global inevitable. Cataluña y España tienen que apostar, junto con el resto de Europa, por salir de la crisis de forma conjunta, igualitaria y sostenible.

La apuesta más razonable, desde mi punto de vista, es una España federal (modelo de varios países prósperos del mundo), dentro de una Europa unida y plural a la vez, donde tanto sus estados, como regiones y ciudadanos, gocen de las mayores oportunidades para aprovechar al máximo sus capacidades. Todo lo demás son distracciones de lo realmente apremiante a día de hoy.

No seamos irresponsables, despertemos y no sigamos cayendo en el engaño de una clase política incompetente y sin escrúpulos. Apelar al sueño de la independencia en estos momentos es algo muy bajo, incluso los más catalanistas deberían sentirse insultados por sus lideres, quienes no buscan más que pretender minimizar una situación de crisis. La idea independentista está siendo utilizada como cortina de humo para desviar la atención  de una situación más relevante para la mayoría, en especial, para más de un 25% de la población que quiere trabajar y no lo consigue. Mientras hablamos de independencia sufrimos un acelerado desmantelamiento de los servicios sociales y del estado del bienestar,  vemos como se redistribuye la riqueza a favor de la elite, todo a través de la aplicación de políticas económicas fuertemente regresivas.

Basta de que nos metan los dedos en la boca, de que nos manipulen de esta forma tan absurda. No pensemos de forma equivocada que este es el momento de la independencia, que ésta va a solucionar los problemas de Cataluña, que así vamos a salir de la crisis, decidir nuestras políticas y como arte de magia ser un pueblo ideal, con políticos, banqueros y empresarios responsables. Ellos no van a cambiar de la noche a la mañana, son los mismos que nos llevaron a esta situación y que, independientes o no, van a seguir pensando solo en sus intereses. Los mismos que hace solo días todos criticábamos y frente a quienes nos indignábamos. ¿Qué pasa, que ahora el president Mas (que, como Rajoy, se ha dedicado a aplicar políticas precisamente opuestas a las que prometió) ha pasado de bandido a héroe solo por defender a Cataluña en Madrid (mientras sigue permitiendo el despilfarro de los recursos de los que Cataluña cuenta a su vez que aprieta a sus ciudadanos más desfavorecidos)? ¿Acaso Caixa Catalunya en una nación independiente va a solucionar los problemas en los que metió, con sus prácticas financieras irresponsables, a tantas personas? ¿O va a devolver La Caixa el dinero de tantos pensionistas a los que engañó? ¿Y los empresarios catalanes? Los mismos que desmontaron el tejido industrial catalán por apostar al dinero fácil pero irresponsable del ladrillo y del turismo barato, ¿van de repente a pensar en el futuro de su país?

Pensemos primero en el tipo de sociedad que queremos, en las políticas económicas que vale la pena defender y en como vamos a hacer para volver a generar esas oportunidades y no permitir que nuestra sociedad se siga fracturando como lo esta haciendo, primero debido a esta crisis y ahora en base a luchas identitarias complejas.

Cataluña podrá volver a prosperar, como pieza clave dentro de España y Europa, si cambiamos nuestros incentivos (seamos una nación independiente o no), si nuestra clase dirigente se compromete con el bienestar de su pueblo (independiente o no), si aplicamos las políticas económicas apropiadas, si apostamos por las industrias en las que tenemos potencial sostenible, sin invertimos y trabajamos por nuestro futuro; no aislándonos e intentando hacernos los ciegos ante los problemas y deficiencias serias que enfrentamos. 

jueves, 29 de marzo de 2012

29M: huelga general o jueves al sol?

Muestran en la televisión pueblos y ciudades españoles sin casi actividad laboral. Claro, es que es día de huelga general en España. Pues no es eso! En muchos de esos pueblos y ciudades la mayoría de la fuerza laboral está en paro, con o sin huelga no tienen trabajo al que ir! Y como ellos ya una cuarta parte de la fuerza productiva española. Hubo huelga cuando yo esos 5 millones de españoles más terminamos en el paro? Reaccionaron los trabajadores y los empresarios que ahora se baten en disputas sobre reformas laborales? El impresionante nivel de desempleo sigue siendo el verdadero y urgentísimo problema de nuestro país en este momento. Defendiendo el derecho de huelga de los trabajadores, creo que son los parados los que tiene derecho moral a manifestarse y exigir que se vuelvan a generar oportunidades para ellos. Posiciones a parte, ¿han decidido los españoles secundar la huelga? Al parecer muchos así lo han hecho. Al fin y al cabo, al menos en teoría, la huelga es un derecho de los trabajadores, y si estos no están de acuerdo con las reformas laborales que se realizan en España pues la huelga es su forma de demostrarlo. Pero, hablando con varios trabajadores, entiendo que muchos por el contrario deciden (voluntariamente o “invitados” por sus jefes) a no faltar al trabajo. Y los que secundan la huelga, qué hacen hoy? Nuevamente la televisión es reveladora. Muchos salen a manifestarse, algunos de forma pacífica, otros, como siempre, de forma más violenta. Pero…. resulta que ya es primavera y las temperaturas ascienden ya a los 20 grados! Las playas a reventar, las mesas de las terracitas cada una con varias cervecitas y la gente, parados, estudiantes y huelguistas, disfrutando juntos del jueves al sol! Y qué hago yo? Pues como desempleado durante dos años, y hoy agradecido por tener oportunidades laborales, decido trabajar desde casa y acordarme de los millones que aún buscan salir del desempleo. Pero cae la tarde y las reflexiones sobre la huelga no paran de asaltarme, no teniendo muy claro la eficiencia de una huelga en un país con trabajadores ya contados casi con los dedos. Como tanto otros, al caer la tarde y sucumbiendo a la tentación del sol, decido irme a disfrutar de la primavera, en mi caso, como desde niño, jugando un rato al tenis. Huelga y jueves al sol!

jueves, 20 de mayo de 2010

Recortes fiscales: volvemos a pagar los mismos!

Hace no mucho teníamos que salvar a los bancos. Nos habían llevado a una de nuestras peores crisis financieras mundiales pero no podíamos dejar que el sistema financiero se colapsara pues sino todos nos veríamos aún más afectados. Los gobiernos (entiéndase todos nosotros) hicieron un gran esfuerzo para reunir los recursos económicos suficientes para rescatar a los bancos. Estamos hablando de millones! Trabajo hecho. En el 2010 el sistema financiero vuelve a funcionar. Los principales bancos han vuelto a hacer beneficios, el crédito se reactiva y el dinero vuelve a fluir. Que bien, todos contentos!

Pues no! No todos contentos. El paro en España sigue en más del 20% y las condiciones de vida de la mayoría de la población siguen empeorando.

¿De dónde salió el dinero que vuelve a fluir en el sistema financiero? Fácil, del bolsillo de todos a través del gobierno. Consecuencia: los gobiernos están endeudados hasta el cuello. Tenemos a Grecia en bancarrota y a España y otros en apuros serios.

Lo peor de la crisis en el sector financiero, donde se originó, ya ha pasado. Por el contrario, la crisis en el sector real, al que ha permeado de la peor forma posible -a través de la destrucción de empleo- puede aún afrontar su peor fase. No solo se acaban los planes de ayuda fiscal a la recuperación sino que comienzan fuertes recortes del gasto público. A corto plazo está claro que no pueden generar más que una mayor contracción de la demanda y una mayor destrucción de empleo.

A largo plazo la estabilidad presupuestaria es un objetivo sensato. A nivel europeo, en aras de la estabilidad monetaria y política, el control del déficit público exagerado es deseable. Pero lo que no tiene sentido por ningún lado es aplicar políticas fiscales contractivas en medio de una crisis tan fuerte como la actual, claramente de defecto de demanda. Con un desempleo superior al 20%, contraer aún más la demanda es un suicidio económico y social.

Estamos aplicando la política económica completamente al revés! Nos estamos equivocando aún más que antes de la crisis!

Come siempre, los beneficios de las burbujas económicas que nos han traído a esta situación de desequilibrios y crisis se los han llevado unos pocos. Ahora, apelando a discursos democráticos, nos piden que las pérdidas y los esfuerzos de la recuperación los asumamos todos.

Por justicia social, por coherencia histórica y por congruencia económica, los ajustes fiscales tienen que venir de los sectores y agentes que se beneficiaron antes e incluso durante la crisis y que provocaron la misma (en España el sector financiero e inmobiliario principalmente) y no de la reducción de los sueldos de las clases bajas y de la pérdida de aún más puestos de trabajo y de oportunidades para los que ya sufren de forma prolongada de esta situación.


David Castells Quintana