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domingo, 19 de agosto de 2012

Afghanistan, Iraq, Syria, Sudan: The trauma of inflicted pain and the power of the human spirit


Conflicts such as the current ones in Syria, the unfinished ones in Afghanistan and Iraq, seemingly endless like Sudan and many more in Africa and worldwide, share the dramatic loss of lives and extensive destruction. We count the victims in thousands and we get astonished by the images of devastated cities.

There has been dramatic loss of lives and extensive destruction in many conflicts before, but the nature of conflicts has not always been the same. The motives, the tactics and technology, the duration, the beliefs and goals are always different. Without wanting to get into those differences, there is one key aspect that is essential for the prospects of recovery, sustained peace and development. That is the belief in the possibility of peace itself in the minds of those suffering the conflict, the belief of future prosperity, the belief that the awful pain and suffering is somehow worthwhile, or at least will be, if not forgotten, overcome by a better life in the future.

Thousands die in these conflicts, but millions get displaced from their homes, suffer the loss of their beloved ones, see their lives get destroyed. They are left behind suffering unbearably and still do not understand why their relatives are sacrificed, when or how they got involved in so much pain and when they will be released from it. A whole generation has grown up in places like Sudan (failed state since 1991) knowing nothing else but war. In these conflicts the entire population gets involved in massive violence and death without clear idea of what is happening: they have no side, no option, not even a goal to fight for or a vision of something other than war.

European countries overcame disaster and rose prosperous after the Wars. I wonder if that would be the future for today´s countries in conflict. Right now it seems very difficult to foresee peace and future prosperity for the people of Afghanistan, Iraq, Syria and Sudan. Their trauma and deep pain seem to last forever, mixed with rage, despair and hate. When people are hurt in a way so strong, without evident purpose and the possibility to fight for something better (as the soldiers of the Wars did), their suffering might just not disappear ever. That suffering spreads to others and destroys people´s lives and their hope and belief for the future, and that is precisely what worries me the most.    

Development economists wonder trying to find the root of growth and prosperity of nations. Since Adam Smith in the 18th century we have been trying to explain economic growth and what makes some nations rich while others stagnate. Geography, culture, institutions and politics, accumulation of capital and technology, are among the main factors we have to try to answer those questions. And still, we are far from being able to fully explain the dramatic differences in prosperity between nations. One key factor is without doubt something difficult to measure. And that is precisely the power of the human spirit to work for a better future. But when many people are hurt at the same time, the mass of suffering inflicted may just “poison” that society for a long time and handicap that spirit. The prospects for development, for peace and prosperity and a better quality of life are devastated for years.

War, famines, colonialism, invasion, genocide, humanitarian disasters and the like, in the past as in the present, are the kind of traumas that break the path for development for many nations. There is traumatic capital loss - human, physical and social -, institutional failure and environmental distress. But the major reason why these traumas hinder development is that they debilitate the human spirit. They diminish the belief in each other, the belief that all our hard work is worthwhile. They set our minds in the past, they trap us in all the suffering we experienced and in the pain we cannot get rid of. That suffering and pain that does not let us see ahead and plan for the future. Prosperity depends precisely on that belief in the possibility of a better quality of life, the belief in each other, in hard work knowing that it pays off. My hope for the people that suffer conflict today is that they, somehow, remain powerful enough to fight and work hard for a better future for their offspring. It is the force of the human spirit, its desire to succeed and do things better, which drives development and takes us further as individuals and as a society. That is the real force which drives saving and investment, research and innovation, sound policies and institutional set up, our struggle with geography and nature. It is the true force behind growth and development, the essential force behind the wealth of nations. As Kepa Aulestia puts it “the future of a country depends on the self esteem with which their people face the upcoming”.

lunes, 23 de julio de 2012

Apague y vámonos? Hay todavía margen de maniobra para España?


Se aviso, se le advirtió al gobierno, se mostro evidencia con datos, se le propusieron alternativas, se le rogó lo que se pudo. La oposición intentó hacérselo ver, la gente salió a la calle y se manifestó, incluso los inversores internacionales emitieron señales al respecto. Pero no, nada sirvió, el gobierno de España se ha aislado, no ha querido escuchar a nadie (excepto a los alemanes), no ha querido reflexionar y cambiar su postura. O tiene muy clara su estrategia (ya revelada de desmontar el estado del bienestar en favor de intereses privados) o le falta la voluntad política para afrontar el cambio de rumbo necesario (que requeriría volver a apostar por un crecimiento sostenible y, aunque se esmeren es decir lo contrario, aún posible). En cualquier caso, el resultado es ya evidente; España colapsa (quería decir se quema, pero la expresión ha tristemente perdido su metaforismo en los últimos días).

Los indicadores (prima de riesgo, déficits públicos, índices bursátiles, crecimiento, desempleo, desigualdades, etc.) están todos ya en rojo y sin previsión de mejora. Estamos en caída libre y no sabemos ya que hacer. O al menos el gobierno no sabe ya que hacer para evitar que su estrategia no tenga como efecto secundario el colapso económico y social del país. Para el resto, ya desesperados, cansados de luchar contra corriente, exhaustos de no ser escuchados, inquietos ante la dramática e incontenible situación, ya no parece haber salida.


El gobierno se ha quedado solo. Incluso los aliados europeos del gobierno le han dado la espalda; el Banco Central Europeo ya le ha dicho a Rajoy que se olvide de esperar que Europa vaya a solucionar sus problemas. La confianza en nuestro país esta totalmente socavada. Y es que ya prácticamente nadie confía en que las políticas de austeridad vayan a funcionar (si es que les queda aún margen). En todo caso no van a funcionar en un plazo temporal razonable y desde luego no en la forma en que dicha austeridad se esta aplicando. Su implementación está siendo tan injusta y sus efectos tan duros que sus consecuencias bordan la ruptura social. Si algún pretendido beneficio en términos de competitividad en realidad llega en tan esperado largo plazo, habrá que sopesarlo con el gran coste y lastre que el elevado y persistente desempleo y las desigualdades crecientes representan hoy y representarán en el futuro para la economía española.

Que se puede hacer? Es que acaso hay otra salida? El gobierno y quienes aún lo defienden argumentan que no nos queda más remedio, que no hay dinero y que la situación es urgente.

La situación ya era urgente cuando el PP llegó al gobierno. El problema ha sido apostar por políticas económicas inadecuadas y poner por encima el interés privado de unos por encima del futuro general del país. El déficit es una cuestión de gastos pero también de ingresos. Apostar por ahorcar una economía en profundo shock y depresión esta demostrando ser un suicidio. Forzar austeridad y recortes para las clases medias y bajas mientras se premia a los irresponsablemente enriquecidos ha llevado al país a la polarización y al colapso.

Aunque parezca hoy increíble, salir de la crisis no es imposible. El problema es que ello depende de una voluntad política hoy inexistente en España. Otros países en el pasado han podido superar problemas de déficit fiscal incontrolado (leer por ejemplo el caso de Ecuador relatado en el Monde Diplomatique en español de este mes). Lo han hecho poniendo por encima el bienestar nacional al de los acreedores, reduciendo su deuda, reforzando el crecimiento económico y el empleo y mejorando la capacidad de financiación sostenible tanto a corto como a largo plazo.

Qué hay que hacer? Lo pongo fácil y en orden de urgencia (y no me atrevería a creer que tengo la solución sino fuera por que los errores del gobierno son tan evidentes y su postura tan obstinada. Además solo recojo y sintetizo lo que ya varios expertos demandan). 1) Austeridad donde toca; recortando los gastos superfluos del gobierno (ya puestos en evidencia), no atacando la capacidad adquisitiva de las clases medias y bajas, y destinando cualquier recurso económico a potenciar la actividad económica de forma directa, y no a través de los rescates a la banca que terminan en los bolsillos de unos cuantos. 2) Si el BCE no colabora, renegociar posibilidades de financiación en un marco en el que los acreedores acepten responsabilidades (como ya hizo el mencionado Ecuador o Islandia) y España deje de ser una fuente de lucro pagando más de un 7% de interés a los mercados. Pagar intereses de la deuda no puede ser la prioridad (como prevén los presupuestos del 2013) en un país donde el desempleo es tal como en España. 3) Contrarrestar el disparado aumento de las desigualdades y potenciar el crecimiento y el empleo. Esto último para asegurar un recuperación sostenible. Y pongo reducción de las desigualdades, crecimiento y empleo juntos pues reducir la desigualdad es no solo un fin en si mismo sino también un poderoso instrumento de recuperación económica en tiempos de crisis. Reducción que es posible sin aumento del gasto, simplemente repartiendo mejor la carga de la crisis.

Al reducir la desigualdad el consumo agregado aumenta - dado que los ricos tienen una propensión mayor al ahorro - y aumenta la demanda de bienes y servicios producidos en España - dado que el consumo de las clases medias se concentra en mayor proporción que el de las clases ricas en bienes nacionales. Así mismo, la reducción de la desigualdad y el aumento de consumo agregado refuerzan la confianza en la economía y la fortaleza de la misma. En tercer lugar, la reducción de la desigualdad lleva con casi total probabilidad al incremento de los ingresos fiscales, en especial en España donde la recaudación la soporta en su mayor proporción la clase media. Finalmente, es ya de consenso que una distribución del ingreso controlada favorece el desarrollo a largo plazo.

Así pues, lo que queda por ver en España es si la voluntad política, frente al colapso que se avecina, cambia y el gobierno afronta las responsabilidades que el electorado le ha encomendado (en base a un programa totalmente desmentido). O si por el contrario el interés privado de unos pocos refuerza su supremacía mientras se reparte los restos de lo que quede del país (en una más que posible situación que evocaría a nuestro autóctono quebrantahuesos aprovechándose de la carroña de los que no sobreviven a las dificultades del paisaje español). 

martes, 17 de julio de 2012

domingo, 3 de junio de 2012

Syria, failed spring and inefficient international response

2011 and 2012 have been the years of the Arab spring; from Tunisia to Egypt, passing by Morocco, Sudan and Libya, we saw societies rising against tyrannical power and bringing about political change in their countries. In some countries those changes represented a major move towards democracy (like in Tunisia, Libya and Egypt), in others represented reforms without political rule change (like in Morocco). In some countries changes were more peaceful, in others a higher human and economic cost had to be paid. But there are other countries, like Syria, to which spring also came, but where spring has lasted too long and so far failed. Countries where thousands have died but where revolution has not succeeded. These last days we have seen the amount of deaths gone up dramatically in Syria. Assad´s government has not committed to its agreements and has even increased its offensive against the opposition. Even worse, it seems to show now not limits on the violence it inflicts on its own population. As I write, Assad himself addresses his parliament denying any responsibility, identifying any who does not agree with him as terrorist, and prioritizing “national security” above the lives of its own people. And from aside we stare and remain patient, waiting for more deaths to come. And I wonder what the international community pretends to do. What are we waiting for? For the governments of China and Russia to approve before any intervention? Why did the international community, even with military intervention, was so eager to bring about change in Libya but not in Syria? Was it the oil in Libya? Do we only intervene if there are economic incentives for us? When do human rights and the lives of hundreds and thousands who dye weekly come before geopolitics? Clearly diplomacy has failed. In Syria, the international community has first looked aside to then weekly respond with a dialogue that has gone nowhere and has just allowed the death of thousands more. The UN system seems not just ineffective today in humanitarian situations, like the one in Syria, its possibility for action is still anchored in national interests rooted in the past. Rather than focusing on the help the people of Syria need and on the prospects of international peace, we wait for Russia and China, as members of the Security Council, to find own incentives before allowing the international community to stop an ongoing genocide! That the international system needs reforms is clear and long said. We cannot longer rely on institutions from a post-World War II context like the Security Council. As other international institutions, the whole UN system has to adapt to new world and has to embrace new goals. Furthermore and in particular, the decision making processes has to change and become more effective. When unanimity of major countries is required for action, as is the case in the Security Council today, any conflict of interests blocks any initiative. Thus, the criteria for international response in front a given national genocide does not longer rely on the priorities for the suffering society but on the existence of mutual gains for the international ruling governments. The need for reform could not be clearer. As in the economic arena - where the global crisis has reflected our lack of suitable and effective international response - we need increased and improved global coordination, in the political and humanitarian arena we also need to overcome our incapacity to address national conflicts of dramatic magnitude that challenge international peace. Syria is the most recent example, but our incapacity in front of national genocides has been revealed before (like in Rwanda, the Balkans and the Middle East). We need to change and to act, and we need to do it now! In the meanwhile, the people of Syria are trapped in long “spring” that rather than bringing change and hope has become an already too long nightmare. In the meanwhile, Assad keeps on exterminating his so called “terrorist”. In the meanwhile the possibilities for future prosperity and peace in Syria fade away as they do and have done in other countries also left on their own by the rest of us.

domingo, 13 de mayo de 2012

12M: indignados y los rescates a la banca

Decena de miles de españoles de todas las edades (no solo jóvenes) y colores políticos (no solo de izquierda, aunque seguro mayoritariamente) invadieron nuevamente las plazas de las principales ciudades españolas ante un país en crisis. Que el movimiento expresa un malestar casi global de la sociedad española frente a la situación actual es claro. Que quiere manifestar su desaprobación y alejamiento con la clase política también lo es. Lo que todavía no es del todo claro, y por lo que se le critíca, es que es lo que realmente pide el 15M. “Democracia real y un sistema económico más justo”, “que se acaben las guerras”, “que se acabe la crisis”, si, ¿pero aplicando que medidas concretas? Con qué políticas? De que forma? Desde el mismo movimiento, de hecho, se han sugerido propuestas de política concretas, algunas poco realistas pero otras muy sensatas y que se aplican en otros países -como la posibilidad de dación por pago de deudas hipotecarias. Pero los analistas, mientras por un lado le dan crédito al movimiento por recobrar el debate político de base social y recuperar temas a la agenda política, le siguen criticando la falta de pragmatismo, de liderazgo claro, de articulación, de ideología y programas definidos. Sin embargo, precisamente eso es lo que no debemos esperar del 15M y en donde fallan quienes analizan y critican al movimiento. No debemos esperar un proyecto de gobierno ni un modelo de política económica. El 15M no es un partido político, ni tiene intención de serlo, ni es una nueva ideología, ni representa a un nuevo sector social ni pretende promover un programa de política. El 15M es resultado de un país devastado por la crisis económica y financiera, con los peores indicadores de la OCDE; con más de un cuarto de la población activa en paro, donde más de la mitad de los jóvenes que quieren trabajar no puede hacerlo y donde las desigualdades sociales más se han incrementado y no paran de hacerlo. Pero el 15M también es resultado de un modelo productivo, social y político, anterior a la crisis, que hace años entró en decadencia y que no hemos querido renovar. Un modelo productivo de baja productividad y basado en sectores donde esa misma productividad no depende del desarrollo tecnológico -fuente última del crecimiento- sino de los costes salariales; sectores como la construcción y el turismo. Sectores a su vez altamente desiguales en sus retribuciones y que han polarizado la sociedad española. Y un modelo político bipartidista, estancado en el pasado. Un modelo en el cual, aunque afirmen constantemente lo contrario, el interés del partido está por encima de todo, incluso del interés social. Cuyos políticos mienten sin vergüenza y luego defienden y aplican políticas económicas diferentes a las que anuncian en sus campañas. Políticos que solo velan por intereses particulares; en espacial los suyos y los del capital financiero. El 15M es precisamente una expresión del cansancio y sufrimiento actual de la sociedad española consecuencia de estos modelos. Modelos que nuestra clase dirigente, en vez de renovar, se empeña en perpetuar e incluso reforzar usando la crisis como coartada para aplicar una política económica en su favor. Una política económica que no solo no da resultados económicos, sino que ya pocos se atreven a defender. Un política económica que siempre ha tenido como objetivo -no se dejen engañar- no la reducción del paro y el mayor bienestar social, sino el reforzamiento de una estructura social en la que unos pocos se enriquecen a costa de la mayoría, y que en los últimos años se ha visto amenazada por la crisis. Y no es mera crítica marxista al capitalismo; es la verdad del modelo económico español donde “los más listos” se han enriquecido gracias al boom inmobiliario-financiero-turístico olvidándose de la productividad, la investigación, el desarrollo y el medio ambiente, y que antes de ceder prefieren hoy, con el respaldo de Merkel y el BCE, seguirse enriqueciendo a costa del esfuerzo del resto. Por qué siempre hay dinero para salvar a los bancos pero parece faltar para hospitales? Por qué se puede “inyectar” dinero gratis (es decir pagado por todos los contribuyentes) al sistema económico a través del sistema financiero pero el BCE se niega a financiar a los estados en épocas de necesidad? Por qué tenemos que pagar todos los españoles nuestra deuda pública al 7% de interés cuando los bancos reciben dinero gratis? Por qué se declara amnistía fiscal a las grandes fortunas que defraudaron durante años y ahora se amenaza al resto alargando a 10 años la prescripción por impago? Y es que la gente no es tan tonta, como los políticos creen. Muchos españoles están hartos, indignados al extremo, de que la clase política se olvide de los intereses de la mayoría, y por eso seguirán invadiendo calles y plazas, movilizándose y denunciando. Esperemos que, al seguir subiendo el paro y seguir empeorando la situación, las movilizaciones sigan siendo al menos tan pacíficas como hasta ahora.