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martes, 9 de febrero de 2010

Saliendo de la crisis the spanish way.

A principios de la crisis escribí un artículo (Eficiencia y Crisis) abogando por políticas nacionales e internacionales encaminadas principalmente a la creación de empleo y la capacitación. En el ámbito empresarial abogaba por una reflexión sobre la productividad y la necesidad de recuperar eficiencia, principalmente la eficiencia gerencial; el control de los costos NO productivos. Sigo creyendo que el análisis tiene especial relevancia en España.

Estos días estamos viendo como de nuevo la bolsa se resiente significativamente. La aparente recuperación económica de finales de 2009 se ha transformado en previsiones pesimistas para 2010 acompañadas de alarmadores indicadores económicos; el principal de ellos una tasa de paro que amenaza superar el 20%!

La mayoría de empresas españolas en aprieto han aprendido la lección; han sabido reducir sus costos para intentar seguir siendo competitivas. ¿Cómo? The spanish way!. Claro. Estamos viviendo una situación en la que las empresas se están adaptando a la inversa; reduciendo costos productivos en vez de improductivos! Y la forma más fácil de hacer esto es despidiendo trabajadores; de ahí nuestra “hermosa” cifra de paro.

Las empresas deberían estar trabajando en recuperar el crecimiento de la productividad, de vital importancia en una verdadera recuperación económica, al igual que reduciendo costos innecesarios (x-inefficiency) como los lujos empresariales y demás (a los que hice referencia en mi artículo anterior) y sobre todo los altísimos salarios y bonos de directivos. Por el contrario la respuesta ha sido reducir plantillas y, ahora con la ayuda del gobierno, reducir salarios.

La adaptación a la crisis en España está siendo absorbida por el mercado laboral. Mayor desempleo, salarios más bajos y mayor precariedad. Que a su vez se traduce en menor demanda y mayor contracción económica. Al mismo tiempo que tenemos mismas tasas de productividad, iguales tecnologías, en muchos casos anticuadas, igual despilfarro energético, sectores internacionalmente solo competitivos gracias a subsidios y salarios inferiores, dependencia cada vez mayor del turismo y sectores derivados y creciente presión sobre nuestros recursos naturales.

¿A que me suena familiar lo anterior? Si no encabezará el párrafo haciendo referencia a España, convencería a cualquiera de que estamos hablando de una economía en fases iníciales de desarrollo económico; tal vez en América Latina o incluso en África! A eso es a lo que estamos llevando la economía española con nuestra salida de la crisis the spanish way.

¿Qué debemos hacer?

Si queremos realmente que la crisis sea, como en mandarín, una oportunidad para reforzar nuestra economía, tenemos que cambiar muchas respuestas que estamos adoptando frente a sus desafíos.

En cuanto a política económica es verdad que hacen falta reformas. Reformas que garanticen el desarrollo económico a largo plazo, no simples reformas a corto plazo que busquen salidas de “supervivencia” para las empresas. Sin embargo, lo primero y fundamental por múltiples razones (económicas, políticas, sociales y humanas) es recuperar el empleo y con ello la demanda y la buena actividad económica. En este sentido dos mercados son clave: el laboral y el inmobiliario.

En el mercado laboral más que reformas que precaricen el trabajo hacen falta medidas que faciliten y regulen la contratación (como la regulación de contratos en prácticas que lo único que están generando es mayor desempleo de personal cualificado y menor productividad), medidas de recapacitación para que desempleados de sectores en caída puedan trabajar en otros sectores y medidas de fomento para el trabajo autónomo. De igual forma medidas que faciliten la creación empresarial.

En el mercado inmobiliario la clave está en reformas de flexibilidad (bajada) de precios, regulación de la reclasificación de la tierra y planes de reactivación de la compra-venta. Es totalmente absurdo que los precios de la vivienda sigan en los niveles que están a pesar de la crisis económica y de las bajadas fuertísimas en otros países, muchos en mejores situaciones. Una mayor oferta pública que genere competencia y posibilidades reales de compra para jóvenes sin necesidad de créditos extraordinarios puede ser una buena medida, consiguiendo a la vez reactivación sostenible del sector y generación de empleo (con la construcción).

Reactivada la economía y el empleo podemos hablar en una perspectiva temporal un poco más amplia. Hace falta transformar industrias del pasado. Muchos sectores industriales no son actualmente eficientes ni competitivos a nivel internacional. Las empresas que los componen tienen que modernizarse o encontrar nuevos desarrollos empresariales (nuevas técnicas de gestión, nuevos productos o mercados, etc) que les den viabilidad económica a largo plazo más allá de la reducción de costos laborales. Por otro lado, España tiene que diversificarse; no podemos seguir dependiendo de sectores volátiles como la construcción y el turismo. Paralelo a todo el proceso, como ya se ha mencionado, España ha de conseguir incrementar la productividad de su trabajo mediante programas de constante capacitación, movilidad laboral, incentivos al desarrollo empresarial, competencia sana, adopción de mejores tecnologías, etc.

Otras reformas necesarias involucran las de fomento industrial. Más que subsidiar industrias ineficientes (que es lo que el gobierno ha venido haciendo con parte del plan E) y que lo único que hace es post-poner el problema, se deberían destinar más recursos al desarrollo de nuevas industrias con mayor potencial de desarrollo. Inversiones que generen empleo a corto plazo a la vez que desarrollo económico a largo plazo. Un ejemplo positivo han sido las grandes inversiones en infraestructuras (AVE, puertos y otras).

En cuanto al sector financiero, aún esperamos reformas importantes y eficaces a nivel nacional e internacional. El crédito sigue siendo fundamental para el desarrollo empresarial y el buen funcionamiento de la economía, lo que está claro es que hace falta una mayor regulación de la gestión de los bancos y de las transacciones de grandes capitales de forma que los recursos financieros tengan destinos productivos y no especulativos y no generen la inestabilidad de estos años. A nivel nacional, mayores fondos de reserva anti cíclicos y a nivel internacional, sincronización de sistemas fiscales entre países, supervisión de diferenciales en tasas de interés y tipos de cambio entre monedas y mayor transparencia en inversiones, son todas medidas factibles que pueden tener muy buenos efectos estabilizadores.

Por último, no hay que tener miedo a un déficit fiscal algo más elevado a los de recientes años para estimular la economía y salir de la crisis. Siempre y cuando estos déficits generen mayor capacidad productiva y demanda sostenida, no especulativa, y que estén financiados de forma que se garantice la estabilidad fiscal futura.

En todo caso, está claro que la buena y sostenida salida de la crisis requiere cambios importantes tanto en el sector público - política económica - como privado empresarial - inversiones, procesos productivos y gerenciales - (sin olvidar nuestros propios hábitos de consumo y ahorro).

David Castells Quintana
www.decastells.blogspot.com

viernes, 8 de enero de 2010

El verdadero rigor científico en la economía

Los economistas nos debatimos entre el fin y la naturaleza de la ciencia que estudiamos pues la economía es una ciencia compleja, amplia y que abarca muchos campos. En un intento de claridad hablamos de rigor científico; intentamos “profesionalizar” nuestra disciplina, hacerla más concreta y exacta. Pero, ¿a que llamamos rigor científico los economistas modernos? ¿Que nuestros modelos de papel y lápiz puedan resolverse y reproducirse matemáticamente de forma comprensible? Que nuestras funciones Cobb Douglass se “comporten bien”? ¿Que, gracias a sin numero de supuestos en muchos casos poco realistas, podamos explicar con unas ecuaciones algo que ya todos sabemos?
¿Acaso se nos ha olvidado el sentido real de la economía como ciencia social? ¿Salimos de vez en cuando de nuestra hipnosis en nuestros modelos matemáticos para apreciar lo que sucede a nuestro alrededor? ¿Prestamos atención a las inmensas evidencias que nos dicen que algo no funciona como esperábamos? ¿O es que vale más el resultado de una derivada matemática que las pruebas que podamos encontrar en la sociedad?
Explícamelo con un modelo! diremos. Si no el problema no está ahí o lo que dices no tiene fundamento. La acumulación de capital actual está destruyendo nuestro entorno, pero no lo vemos en nuestros modelos; las evidencias ecológicas, biológicas y geológicas sobre el estado del planeta parecen no existir, o simplemente no son parte de nuestro análisis. Pero es que no es economía. Pues si lo es! Nuestro rigor científico es muchas veces parcial; solo vale para nuestros modelos y olvidamos infinitud de otras verdades con igual o mayor rigor científico.
Y cuando el capitalismo forzado en tantas sociedades deja millones de personas en la miseria absoluta y una desigualdad extrema, los economistas modernos solo vemos la eficiencia de nuestros planteamientos; “los mercados son eficientes, mirad el Primer Teorema del Bienestar; todo equilibrio competitivo es eficiente, el fallo no está en nuestros modelos, tarde o temprano los precios corregirán los desequilibrios”. Pues malas noticias, no lo hacen! Pero las críticas que recibimos y nos hacen ver la realidad “no tienen rigor científico”. La gente se muere de hambre cada día, pero eso no entra en nuestras ecuaciones.
Necesitamos replantearnos nuestra concepción de la ciencia económica. No tiene mayor sentido que la búsqueda del máximo bienestar real de las sociedades. Entendiendo lo que realmente es importante para ellas, buscando respuestas que permitan superar los obstáculos en dicha búsqueda, compatibilizando los intereses particulares y comunes, teniendo en cuenta el presente y el futuro y aportando nuevos planteamientos que nos hagan crecer como sociedad.
Los economistas tenemos que entender, de una vez por todas, que no solo es importante la acumulación de capital. Tenemos que analizar el bienestar social en su sentido amplio, más allá del mero crecimiento económico. Tenemos que incorporar el desarrollo humano y la conservación del medio ambiente a nuestros modelos. Tenemos que olvidarnos por un momento de ellos y ver más allá del papel; tener en cuenta la satisfacción espiritual de las personas, el desarrollo comunitario más allá de la maximización de beneficios o la especialización laboral, el bienestar más allá de la riqueza, y otros planteamientos a los que normalmente no estamos acostumbrados.
Cada año nuevos estudiantes de economía se licencian; los economistas del futuro que tendrán que enfrentar los desafíos de nuestra sociedad. Y ¿cuáles son sus herramientas? ¿Unos cuantos modelos con sus funciones derivables? ¿Qué han aprendido? ¿Que si los agentes optimizan sus decisiones todo saldrá bien? ¿Que saben de la realidad que les rodea? ¿Qué los precios ajustan oferta y demanda? ¿Saben leer más allá de unos índices? Si nunca salieron de las aulas de la facultad, ¿son consientes del trauma que representa para tanto millones el estar sin trabajo? ¿Son consientes de las condiciones laborales detrás de la acumulación de capital? ¿Entienden la pobreza extrema? ¿Saben que hacer contra ella? ¿Comprenden los desafíos del desarrollo sostenible? Todas cuestiones centrales y claves de la economía como ciencia social que es.
Y es que, desafortunadamente, frente a los principales desafíos a los que hoy en día nuestra sociedad se enfrenta (violencia incontrolada, pobreza extrema y degradación medioambiental) las matemáticas puras de la facultad nos no van a dar la respuesta. Ningún modelo económico, por lógicos que sean sus supuestos y complejas que sean sus funciones, nos pueden explicar las raíces reales de estos desafíos y el camino que debemos seguir. Tal vez nos ayudaran a entender algún comportamiento parcial de algún fenómeno económico, y está muy bien dominar y saber usar esos modelos, pero para ver la totalidad del desafío, sus múltiples causas, interacciones y consecuencias, necesitamos mucho más.
Adam Smith fue capaz de descubrir como la especialización del trabajo podía incrementar la productividad conjunta de una comunidad. Sus ideas revolucionaron para siempre la organización productiva. Pero lo hizo experimentando él mismo dicha especialización, viéndolo en su “fábrica de agujas”. No necesito elaboradas matemáticas pero si salir a observar la realidad. Como casi todos los grandes economistas que le han seguido y han tenido un impacto real en la forma que vivimos, fue un gran investigador social, como deberíamos serlo todos los denominados economistas, pues ésta en una ciencia social, no una ciencia pura ni exacta como a veces pretendemos.
Muhamed Yunus, ya en nuestra época y premio Nobel de economía en el 2000, salió un día de las aulas en Bangladesh y consigo llevó a sus estudiantes de economía. No tuvieron que ir muy lejos para ver la pobreza y los problemas de sus compatriotas. El y sus alumnos aprendieron más ese día que durante meses en las aulas con sus modelos. Pudieron entender cómo funciona la realidad fuera del papel. Pudieron analizar dinámicas que antes apenas percibían. Entendieron el sentido de su profesión. Gracias a ello, pudieron proponer medidas eficaces para mejorar la situación de millones de personas. Entendieron mejor que muchos hasta entonces las dinámicas de la pobreza extrema y lo que se puede hacer para alterarlas. Implantaron mecanismos de microcréditos y empoderamiento personal y confianza comunitaria. Sus prácticas se han expandido hoy a todo el mundo y han cambiado la vida de millones de seres humanos.
La economía es una ciencia maravillosa. Lo es porque es una ciencia social. Y la economía ha evolucionado mucho y ha incorporado herramientas de otras disciplinas. Hoy podemos intentar acercarnos más a entender mejor la realidad, analizar dificultades y atrevernos a plantear soluciones más acertadas. Pero digo “intentar” porque es lo que debemos hacer. Si queremos realmente entender y superar los fenómenos y desafíos que nos rodean tenemos que saber usar las herramientas de las que disponemos; nuestros modelos teóricos, la infinidad de estadísticas que disponemos y nuestra capacidad de análisis, pero también conocer sus limitaciones. Necesitamos una visión más amplia, un enfoque más global, una mayor capacidad de observación y reflexión de la realidad. Un pensamiento más flexible que nos permita ver que lo que sabemos de antemano puede muchas veces no funcionar y que la respuesta que buscamos puede estar en detalles que solemos no apreciar. O que simplemente no hay una respuesta concreta; tal vez solo tendremos que limitarnos a abordar el problema de una forma más integral pero menos ambiciosa. Al fin y al cabo no nos olvidemos que la sociedad es compleja y nuestra ciencia, como la política, la sociología y toda ciencia social, tiene como fin último su estudio.

jueves, 26 de noviembre de 2009

En aguas somalíes

Mucho se ha escrito y se ha dicho sobre el reciente secuestro del atunero Alacrana y la situación en aguas somalíes. Se han hecho diversos análisis sobre como afrontar un secuestro de este tipo, sobre la actuación del gobierno, sobre el papel de las fuerzas de seguridad internacionales, sobre como seguir faenando, etc. Pero siempre nuestro análisis ha sido parcial. Poco se ha analizado sobre la raíz de esta situación y sobre el hecho mismo de la pesca de atún en esas aguas por barcos europeos. A la opinión pública no se le explica más.
Quiero dejar claro que en ningún momento pretendo defender ni justificar la espantosa opción del secuestro, ni el abuso de los derechos humanos por parte de nadie. En todo caso me gustaría que la genta pueda ser consciente de la situación en el Índico con una perspectiva algo más amplia.
Que lleva a tanto barcos españoles y europeos a correr tantos riesgos en aguas somalíes? Desde luego el Alacrana y otros vuelven a faenar allí, a pesar de todo, pues esas aguas son una fuente, de momento, inagotable de riqueza. Faenar en aguas de Somalia representa millones para los europeos. Se estima en 450 millones de dólares al año lo que se pesca en aguas somalíes, por no somalíes.
El otro lado de la orilla: Somalia. Hoy un Estado fallido. Los somalíes, y desde luego me refiero a los millones de ellos que no son piratas, se encuentran en una situación desesperante; sumidos en la guerra, la pobreza y la degradación medioambiental, en gran medida fruto de un cambio climático, del cual poco son responsables y que está castigando especialmente esa región del globo. Como gran país litoral que es, uno de sus principales recursos renovables es la pesca. Pero esos recursos ya no les pertenecen; pesqueros europeos se apropian de ellos, el atún se va a Europa y los somalíes no ven nada.
Los pesqueros europeos, incluidos los españoles, han llevado hasta el agotamiento reservas marítimas globales como los antiguamente ricos caladeros del Atlántico Norte, o grandes extensiones del Mediterráneo, y han perjudicado seriamente otras con la contaminación como en el Cantábrico con los derrames de petróleo. Ahora, las aguas somalíes, en cuyos dominios, desafortunadamente, no hay gobierno que pueda ejercer control, son una oportunidad más de enriquecerse agotando recursos ajenos y marcharse después a causar degradación medioambiental a otras aguas sin gobierno.
Aguas internacionales! dirían algunos. Engañados! Habéis visto imágenes de donde pescan el Alacrana y los demás pesqueros europeos?! Si casi se ve la costa! Observadores independientes y varias ong´s han denunciado ya en múltiples ocasiones que gran parte de la pesca se realiza en aguas territoriales somalíes. Y aunque fueran aguas internacionales, acaso los gobiernos tienen derecho a llevar al colapso ecosistemas marítimos solo por estar en aguas internacionales? Se ha debatido públicamente el hecho probado de que para muchos buques las aguas somalíes se han convertido también en vertederos?! Lo que el Alacrana, y los más 800 barcos internacionales no somalíes que pueden llegar a operar a la vez en la región, hacen se conoce internacionalmente como “Pesca Ilegal No Declarada y No Reglamentada”. Que no nos quede duda; estamos aprovechando, desde casi dos décadas ya, de la falta de gobierno en esas costas para saquear todo lo que podamos. Nos llevamos una fuente inestimable de proteína de una de las naciones más pobres del mundo y arruinamos el sustento de vida de legítimos pescadores. Al otro lado dejamos hambre para los somalíes y la destrucción de su medio ambiente.
Me gustaría que pensáramos en la situación inversa. Acaso hay barcos somalíes pescando en el Mediterráneo o en el Cantábrico? Qué diríamos si vinieran sus barcos y saquearan el marisco Gallego? Y si fueran ellos los que derramaran tóxicos en nuestras aguas?
Creo que nos falta no solo muchísima visión al analizar estos temas, sino humanidad y sentido de justicia global, que nos debería dar vergüenza como sociedad. Y no olvidemos que hasta no hace mucho (en perspectiva histórica) nosotros mismo tuvimos como una de nuestras marcas distintivas y fuente de nuestras riquezas la propia piratería en los “7 mares del mundo”. Pero ahí ya no quiero llegar.
David Castells Quintana