¿Cuál ha sido el efecto de la Gran Recesión en la distribución espacial de la población y la actividad económica en España? Ha sido similar la recuperación en las zonas rurales, las ciudades pequeñas y las grandes urbes como Madrid y Barcelona?
Los invito a leer el blog de Fundación FUNCAS, sobre nuestro último artículo sobre la evolución de la población, el empleo y los precios de la vivienda en las ciudades españolas tras la crisis del 2008:
http://blog.funcas.es/las-ciudades-espanolas-tras-la-gran-recesion-una-mirada-a-la-poblacion-el-empleo-y-los-precios-de-la-vivienda/
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lunes, 27 de noviembre de 2017
domingo, 27 de enero de 2013
Desempleo y crecimiento económico
Acabadas las vacaciones y la
ilusión de Navidad y las fiestas de fin de año, vuelve con fuerza la cruda
realidad de nuestra economía española. El 2012 (en su momento el que iba a ser
el año de la recuperación) lo cerramos con crecimiento negativo, y los
pronósticos para este año (el que nuevamente según el gobierno “sí será el año
de la recuperación”) desafortunadamente no son nada mejores (según el FMI en el 2013 nuestra economía se
contraerá un 1.5%). Y la destrucción de empleo sigue siendo el peor lastre
de esta situación, con cerca ya de 6
millones de desempleados, casi dos de ellos de larga duración (más de un
año buscando trabajo) y casi otros dos de los restantes de muy larga duración
(más de dos años buscando empleo).
A pesar de ello, de una forma
totalmente incomprensible para la gran mayoría, la reactivación de la economía, y consecuente generación de empleo,
sigue increíblemente sin ser la prioridad de las políticas del gobierno (ni
de los autonómicos ni del central).
Unos niveles de desempleo tan
altos y persistentes como los actuales llevan a un incremento dramático de las
desigualdades. El daño de esta
preocupante situación, y de la equivocadísima gestión de la misma, no solo lo
sufrimos hoy, lo sufriremos durante muchos años más. Un análisis de la
experiencia de diferentes países alrededor del mundo nos muestra como en aquellos
países donde el desempleo ha sido alto y persistente en el pasado, las
desigualdades han crecido y ambas cosas han reducido el desempeño económico a
largo plazo, no solo por años, incluso durante décadas. Esto es lo que
precisamente intento demostrar en “Unemployment
and long-run economic growth: The role of inequality and urbanisation”, una de mis investigaciones recientemente publicada en La Revista de
Invetigaciones Regionales 24 (accesible en el link adjunto para quien quiera
darle un vistazo), y quiero resaltar aquí porque no creo que pudiera ser más
relevante para la situación actual de España.
(http://www.aecr.org/images/ImatgesArticles/2012/12/7_David_Castells_Quintana,_Vicente_Royuela.pdf)
En los 80 y 90 muchos países,
incluida España, experimentaron también tasas de desempleo altas y
persistentes, y en muchos de estos países la desigualdad aumentó
considerablemente. Aunque la situación no fue tan dramática como la actual,
esos países han crecido significativamente menos hasta la actualidad. La razón
es simple: el desempleo, y la
desigualdad que genera, deprecian el capital humano y social de los países
(sus dos mayores activos), no solo conduciendo a muchos a la pobreza, sino
también mutilando la capacidad de toda la economía para volver a crecer.
Las políticas dirigidas directamente a generar empleo, y a reducir la
desigualdad, no son solo urgentes dado el sufrimiento actual de nuestra
sociedad, sino también si queremos mantener nuestras posibilidades futuras de
volver a generar mayor prosperidad para todos. Aunque, como es ya previsible,
este año tampoco sea el de la recuperación, mi esperanza es que al menos sí sea
el año en que consigamos que los responsables de la política económica en
Europa y en España se den cuenta de ello y replanteen como gestionan esta
crisis y sus consecuencias.
lunes, 23 de julio de 2012
Apague y vámonos? Hay todavía margen de maniobra para España?
Se aviso, se le advirtió al gobierno, se
mostro evidencia con datos, se le propusieron alternativas, se le rogó lo que
se pudo. La oposición intentó hacérselo ver, la gente salió a la calle y se manifestó,
incluso los inversores internacionales emitieron señales al respecto. Pero no,
nada sirvió, el gobierno de España se ha
aislado, no ha querido escuchar a nadie (excepto a los alemanes), no ha
querido reflexionar y cambiar su postura. O tiene muy clara su estrategia (ya
revelada de desmontar el estado del bienestar en favor de intereses privados) o
le falta la voluntad política para afrontar el cambio de rumbo necesario (que
requeriría volver a apostar por un crecimiento sostenible y, aunque se esmeren
es decir lo contrario, aún posible). En cualquier caso, el resultado es ya evidente; España colapsa (quería decir se quema,
pero la expresión ha tristemente perdido su metaforismo en los últimos días).
Los indicadores (prima de riesgo, déficits
públicos, índices bursátiles, crecimiento, desempleo, desigualdades, etc.)
están todos ya en rojo y sin previsión de mejora. Estamos en caída libre y no
sabemos ya que hacer. O al menos el gobierno no sabe ya que hacer para evitar
que su estrategia no tenga como efecto secundario el colapso económico y social
del país. Para el resto, ya desesperados, cansados de luchar contra corriente,
exhaustos de no ser escuchados, inquietos ante la dramática e incontenible
situación, ya no parece haber salida.
El
gobierno se ha quedado solo.
Incluso los aliados europeos del
gobierno le han dado la espalda; el Banco Central Europeo ya le ha dicho a
Rajoy que se olvide de esperar que Europa vaya a solucionar sus problemas. La
confianza en nuestro país esta totalmente socavada. Y es que ya prácticamente nadie confía en que las
políticas de austeridad vayan a funcionar (si es que les queda aún margen).
En todo caso no van a funcionar en un plazo temporal razonable y desde luego no
en la forma en que dicha austeridad se esta aplicando. Su implementación está
siendo tan injusta y sus efectos tan duros que sus consecuencias bordan la
ruptura social. Si algún pretendido beneficio en términos de competitividad en realidad
llega en tan esperado largo plazo, habrá que sopesarlo con el gran coste y
lastre que el elevado y persistente desempleo y las desigualdades crecientes representan
hoy y representarán en el futuro para la economía española.
Que se puede hacer? Es que acaso hay otra
salida? El gobierno y quienes aún lo defienden argumentan que no nos queda más remedio,
que no hay dinero y que la situación es urgente.
La situación ya era urgente cuando el PP
llegó al gobierno. El problema ha sido apostar por políticas económicas
inadecuadas y poner por encima el interés privado de unos por encima del futuro
general del país. El déficit es una cuestión de gastos pero también de
ingresos. Apostar por ahorcar una
economía en profundo shock y depresión esta demostrando ser un suicidio.
Forzar austeridad y recortes para las clases medias y bajas mientras se premia
a los irresponsablemente enriquecidos ha llevado al país a la polarización y al
colapso.
Aunque parezca hoy increíble, salir de la
crisis no es imposible. El problema es que ello depende de una voluntad
política hoy inexistente en España. Otros países en el pasado han podido
superar problemas de déficit fiscal incontrolado (leer por ejemplo el caso de
Ecuador relatado en el Monde Diplomatique en español de este mes). Lo han hecho
poniendo por encima el bienestar nacional al de los acreedores, reduciendo su
deuda, reforzando el crecimiento económico y el empleo y mejorando la capacidad
de financiación sostenible tanto a corto como a largo plazo.
Qué
hay que hacer? Lo pongo
fácil y en orden de urgencia (y no me atrevería a creer que tengo la solución
sino fuera por que los errores del gobierno son tan evidentes y su postura tan
obstinada. Además solo recojo y sintetizo lo que ya varios expertos demandan).
1) Austeridad donde toca; recortando
los gastos superfluos del gobierno (ya puestos en evidencia), no atacando la
capacidad adquisitiva de las clases medias y bajas, y destinando cualquier
recurso económico a potenciar la actividad económica de forma directa, y no a
través de los rescates a la banca que terminan en los bolsillos de unos cuantos.
2) Si el BCE no colabora, renegociar posibilidades de financiación en un marco
en el que los acreedores acepten responsabilidades (como ya hizo el mencionado
Ecuador o Islandia) y España deje de ser una fuente de lucro pagando más de un
7% de interés a los mercados. Pagar intereses de la deuda no puede ser la
prioridad (como prevén los presupuestos del 2013) en un país donde el desempleo
es tal como en España. 3) Contrarrestar el disparado aumento de las
desigualdades y potenciar el crecimiento y el empleo. Esto último para asegurar
un recuperación sostenible. Y pongo reducción de las desigualdades, crecimiento
y empleo juntos pues reducir la
desigualdad es no solo un fin en si mismo sino también un poderoso instrumento
de recuperación económica en tiempos de crisis. Reducción que es posible
sin aumento del gasto, simplemente repartiendo mejor la carga de la crisis.
Al reducir la desigualdad el consumo agregado
aumenta - dado que los ricos tienen una propensión mayor al ahorro - y aumenta
la demanda de bienes y servicios producidos en España - dado que el consumo de
las clases medias se concentra en mayor proporción que el de las clases ricas
en bienes nacionales. Así mismo, la reducción de la desigualdad y el aumento de
consumo agregado refuerzan la confianza en la economía y la fortaleza de la
misma. En tercer lugar, la reducción de la desigualdad lleva con casi total
probabilidad al incremento de los ingresos fiscales, en especial en España donde
la recaudación la soporta en su mayor proporción la clase media. Finalmente, es
ya de consenso que una distribución del ingreso controlada favorece el
desarrollo a largo plazo.
Así pues, lo que queda por ver en España es si la voluntad política, frente al
colapso que se avecina, cambia y el gobierno afronta las responsabilidades que
el electorado le ha encomendado (en base a un programa totalmente
desmentido). O si por el contrario el interés privado de unos pocos refuerza su
supremacía mientras se reparte los restos de lo que quede del país (en una más
que posible situación que evocaría a nuestro autóctono quebrantahuesos aprovechándose
de la carroña de los que no sobreviven a las dificultades del paisaje español).
martes, 17 de julio de 2012
¿Tener o ser? ¿Qué es lo que realmente nos hace felices?
Una pequeña pero interesante reflexión para el blog de mi gran amiga Liliana Amaya:
¿Tener o ser? ¿Qué es lo que realmente nos hace felices?
David Castells Quintana
http://coachingconproposito.com/2012/07/16/tener-o-ser-que-es-lo-que-realmente-nos-hace-felices/
¿Tener o ser? ¿Qué es lo que realmente nos hace felices?
David Castells Quintana
http://coachingconproposito.com/2012/07/16/tener-o-ser-que-es-lo-que-realmente-nos-hace-felices/
domingo, 13 de mayo de 2012
12M: indignados y los rescates a la banca
Decena de miles de españoles de todas las edades (no solo jóvenes) y colores políticos (no solo de izquierda, aunque seguro mayoritariamente) invadieron nuevamente las plazas de las principales ciudades españolas ante un país en crisis.
Que el movimiento expresa un malestar casi global de la sociedad española frente a la situación actual es claro. Que quiere manifestar su desaprobación y alejamiento con la clase política también lo es. Lo que todavía no es del todo claro, y por lo que se le critíca, es que es lo que realmente pide el 15M. “Democracia real y un sistema económico más justo”, “que se acaben las guerras”, “que se acabe la crisis”, si, ¿pero aplicando que medidas concretas? Con qué políticas? De que forma?
Desde el mismo movimiento, de hecho, se han sugerido propuestas de política concretas, algunas poco realistas pero otras muy sensatas y que se aplican en otros países -como la posibilidad de dación por pago de deudas hipotecarias. Pero los analistas, mientras por un lado le dan crédito al movimiento por recobrar el debate político de base social y recuperar temas a la agenda política, le siguen criticando la falta de pragmatismo, de liderazgo claro, de articulación, de ideología y programas definidos.
Sin embargo, precisamente eso es lo que no debemos esperar del 15M y en donde fallan quienes analizan y critican al movimiento. No debemos esperar un proyecto de gobierno ni un modelo de política económica. El 15M no es un partido político, ni tiene intención de serlo, ni es una nueva ideología, ni representa a un nuevo sector social ni pretende promover un programa de política. El 15M es resultado de un país devastado por la crisis económica y financiera, con los peores indicadores de la OCDE; con más de un cuarto de la población activa en paro, donde más de la mitad de los jóvenes que quieren trabajar no puede hacerlo y donde las desigualdades sociales más se han incrementado y no paran de hacerlo.
Pero el 15M también es resultado de un modelo productivo, social y político, anterior a la crisis, que hace años entró en decadencia y que no hemos querido renovar. Un modelo productivo de baja productividad y basado en sectores donde esa misma productividad no depende del desarrollo tecnológico -fuente última del crecimiento- sino de los costes salariales; sectores como la construcción y el turismo. Sectores a su vez altamente desiguales en sus retribuciones y que han polarizado la sociedad española. Y un modelo político bipartidista, estancado en el pasado. Un modelo en el cual, aunque afirmen constantemente lo contrario, el interés del partido está por encima de todo, incluso del interés social. Cuyos políticos mienten sin vergüenza y luego defienden y aplican políticas económicas diferentes a las que anuncian en sus campañas. Políticos que solo velan por intereses particulares; en espacial los suyos y los del capital financiero.
El 15M es precisamente una expresión del cansancio y sufrimiento actual de la sociedad española consecuencia de estos modelos. Modelos que nuestra clase dirigente, en vez de renovar, se empeña en perpetuar e incluso reforzar usando la crisis como coartada para aplicar una política económica en su favor. Una política económica que no solo no da resultados económicos, sino que ya pocos se atreven a defender. Un política económica que siempre ha tenido como objetivo -no se dejen engañar- no la reducción del paro y el mayor bienestar social, sino el reforzamiento de una estructura social en la que unos pocos se enriquecen a costa de la mayoría, y que en los últimos años se ha visto amenazada por la crisis. Y no es mera crítica marxista al capitalismo; es la verdad del modelo económico español donde “los más listos” se han enriquecido gracias al boom inmobiliario-financiero-turístico olvidándose de la productividad, la investigación, el desarrollo y el medio ambiente, y que antes de ceder prefieren hoy, con el respaldo de Merkel y el BCE, seguirse enriqueciendo a costa del esfuerzo del resto.
Por qué siempre hay dinero para salvar a los bancos pero parece faltar para hospitales? Por qué se puede “inyectar” dinero gratis (es decir pagado por todos los contribuyentes) al sistema económico a través del sistema financiero pero el BCE se niega a financiar a los estados en épocas de necesidad? Por qué tenemos que pagar todos los españoles nuestra deuda pública al 7% de interés cuando los bancos reciben dinero gratis? Por qué se declara amnistía fiscal a las grandes fortunas que defraudaron durante años y ahora se amenaza al resto alargando a 10 años la prescripción por impago?
Y es que la gente no es tan tonta, como los políticos creen. Muchos españoles están hartos, indignados al extremo, de que la clase política se olvide de los intereses de la mayoría, y por eso seguirán invadiendo calles y plazas, movilizándose y denunciando. Esperemos que, al seguir subiendo el paro y seguir empeorando la situación, las movilizaciones sigan siendo al menos tan pacíficas como hasta ahora.
domingo, 22 de abril de 2012
Recortes, solidaridad y día de la tierra
El tema del día en España es, con permiso de su majestad y sus aventuras africanas, y de doña Cristina y la expropiación de YPF, el de los recortes del gobierno que ya llegaron a las supuestamente intocables sanidad y educación. ¿Qué lectura podemos hacer? 1) que Rajoy no hizo más que mentirnos durante su campaña. Aunque eso ya quedó claro hace rato. 2) Que la situación es realmente tan apremiante que hay que recortar de donde sea, y 3) que nuestro querido estado del bienestar empieza a ser cosa del pasado.
Pero el debate ahora vuelve ahora a centrarse, esta vez gracias al FMI, sobre si tanta austeridad fiscal en plena recesión económica no puede ser demasiado exagerada. Pongámoslo claro. La receta tradicional, y si bien aplicada exitosa, ha sido durante décadas una política económica expansiva en tiempos de crisis y una contractiva en tiempos de auge. El problema es que en los tiempos de auge se nos olvido lo que había que hacer y permitimos una burbuja que teníamos que haber controlado. O tal vez no olvidamos lo que teníamos que hacer, pero hicimos la vista gorda primando nuestro enriquecimiento a corto plazo. Ahora pagamos nuestra insensatez; nos encontramos frente a la necesidad de políticas expansivas contra la necesidad paralela y opuesta de controlar nuestro endeudamiento. La decisión se vuelve muy dura: ¿austeridad máxima para controlar la deuda y esperar recuperar competitividad, pero recesión a largo plazo? ¿O favorecer la recuperación y dejar el saneamiento de cuentas para mejores tiempos?
Veamos. La primera opción (austeridad estilo Rajoy) no solo implica no crecer de momento, un deterioro en nuestro nivel de vida y el continuo sufrimiento de millones de desempleados en aumento, también tiene un riesgo claro que del que ya todos éramos consientes pero que ahora el FMI pone en oficial evidencia: el negativo crecimiento puede reducir los ingresos fiscal en tal magnitud que los recortes pueden terminar perpetuando el déficit fiscal. ¿Solución si esto sucede? La que si vislumbra; cargarnos el estado del bienestar y minimizar el estado lo máximo posible. ¿Alternativa? Hacer todo lo posible por sanear las cuentas públicas, pero hacerlo de forma que realmente garantice una mayor competitividad en el futuro y minimizando el costo presente en términos de crecimiento y empleo.
Al margen de cuánto y cuando recortar (lo que parece centrar el debate actual), debemos volver al debate de donde recortar. Existen muchos ajustes en la administración que aún pueden hacerse sin necesidad de perjudicar nuestro modelo social y nuestra capacidad para crecer. Quedan muchos recortes que hacer en gastos administrativos superfluos que poco aportan a nuestra economía y nuestra sociedad; salarios y dietas de altos funcionarios públicos, limpieza de alfombras del congreso (casi medio millón de euros), etc. En cambio, el gobierno se empeña en recortar más donde menos debería! Los datos (por ministerio) son claros: los mayores recortes se dan en Asuntos Exteriores y Cooperación (54.4%), Fomento (34%), Industria (31.9%), Medio Ambiente (31.2%) y Educación, Cultura y Deporte (21.2%). Por el contrario, los menores recortes: Defensa (8.8%), Interior (4.3%) y Presidencia (3.8%)! Si si, Presidencia; es decir los sueldos y gastos de los mismo que nos piden un esfuerzo mucho mayor a los demás! Clarito como el agua; todos a ajustarnos el cinturón y a renunciar a servicios sociales básicos, pero el señor Rajoy y sus coleguitas a seguir como si nada!
¿Futuro? Menor gasto en aquello que precisamente puede garantizar nuestra competitividad y nuestras posibilidades de crecimiento sostenido y prosperidad para todos. Particularmente preocupante, menos investigación y peor calidad educativa en España. Igualmente preocupante, triste y decepcionante, menor gasto en cooperación internacional, cuando nuestra solidaridad más debería definirnos, y menor gasto en medio ambiente cuando todos los científicos nos advierten de la necesidad de actuar ya frente al deterioro medioambiental!
En el día de la tierra, cabe reflexionar. Al final va y Rajoy tiene razón; si seguimos como vamos y nuestra política no cambia no tendremos que preocuparnos, destruiremos tanto el medio ambiente que no habrá espacio ni para crisis!
domingo, 4 de marzo de 2012
Crezcamos o no, pobres seremos!
Crecimiento (o la falta de mismo) y pobreza en España
“La crisis tarde o temprano tendrá que acabar. Llegarán tiempos mejores, recuperaremos la senda del crecimiento y volveremos a disfrutar de una mejor calidad de vida. Ahora atravesamos tiempos difíciles, hay que ajustarnos el cinturón, aguantar y aceptar las reformas. Pero tarde o temprano las cosas van a mejorar”. Si, recuperaremos el crecimiento económico. España lo ha hecho tras varias crisis y tiene capacidad para hacerlo de nuevo, no me cabe duda. Ahora bien, ¿mejorará la calidad de vida para todos? ¿Disfrutaremos todos del crecimiento cuando llegue? Seguramente no. Estamos terminando de constatar una característica cruel, aunque no particular, del modelo económico español; el crecimiento económico no solo no favorece a los pobres, la ausencia del mismo los perjudica desproporcionadamente.
Hemos salido de otras crisis y hemos crecido bastante, si. Pero a pesar de tasas elevadas de crecimiento, las épocas buenas no han favorecido la reducción de la pobreza en España. Muchos se beneficiaron del crecimiento reciente pre-crisis, pero para muchos más la situación fue la misma; una de precariedad y endeudamiento. Los tiempos buenos se acaban sin que muchos gocen de mejor calidad de vida. Pero la historia cambia cuando llega la crisis. Aquellos desvinculados del crecimiento económico en las épocas de bonanza son los que pagan las consecuencias en las épocas de declive. Tras muchos años de crecimiento pre-crisis la pobreza en España no bajó. Ahora, tras 3 años de crisis, la pobreza se ha disparado drásticamente. Hoy en día la pobreza y la exclusión social afecta a uno de cada cuatro españoles!
Construimos nuestro modelo de crecimiento en base a sectores de naturaleza intrínseca desigual, principalmente el turismo y la construcción. Hoy somos el país de la Unión Europea con mayor desempleo y donde más se ha disparado la desigualdad. Pero no solo decidimos crecer en el pasado de forma desigual, ahora decidimos afrontar la crisis, e intentar salir de la misma, igualmente de forma marcadamente desigual. Y la responsabilidad es de todos, al menos de la mayoría! Votamos a la derecha y hemos decidido apoyar una estrategia para salir de la crisis basada en recuperar las estructuras desiguales y en recuperar los sectores de baja productividad. Estructuras y sectores que en principio nos llevaron a la crisis. Tal como las actuales cifras prevén, el paro llegará al 25%, a la vez que se recortarán aún más servicios sociales y seguirá bajando el poder adquisitivo de la mayoría pobre. Ojala recuperemos el crecimiento, lastimosamente no sé cuando recuperaremos el empleo, condiciones mejores para los más desfavorecidos y mayor prosperidad para la mayoría. Con nuestro modelo de crecimiento y la actual política económica la cosa pinta a que no será pronto.
viernes, 24 de febrero de 2012
España post-crisis:
Bienvenidos al declive de la clase media
El recientemente publicado informe de la Fundación FOESSA
“Exclusión y Desarrollo Social: Análisis y Perspectivas 2012” pone cifras a algo que ya todos intuíamos: durante los últimos años la pobreza en España ha aumentado dramáticamente, en extensión y en intensidad. Aumenta la pobreza y aumenta la exclusión social, reforzada fuertemente por la paulatina pérdida de derechos sociales básicos.
Ante una situación de crisis, estos datos eran esperables. Lo sorprendente
es, tal como el informe pone de relieve, la magnitud de dichos datos; la tasa
de pobreza en España se eleva ya al 21.8%, la tercera más alta de la Unión Europea! El umbral de la
pobreza bajó de 8.000 euros en el 2009 a 7.800, tan solo un año después, y la
exclusión social afecta ya a un cuarto de la población. En menos de una década
se están literalmente destrozando los avances sociales alcanzados a lo largo de
la democracia!
Sumando a la cifras de pobreza las de ingresos y desigualdad, la situación
pasa de realmente triste a decepcionante y frustrante. En España no solo hay
más pobres que lo son cada vez más, además, en términos agregados, cerca del
10% de nuestra renta disponible real se ha esfumando en tan solo 3 años!!! Pero
eso si, el número de ricos aumenta y lo
son cada vez más!!! La distancia entre la renta correspondiente al 20% más rico
y al 20% más pobre pasó de 5.3
a 6.9 en esos mismos tres años; el mayor aumento
registrado en toda la UE
y quintuplicando el aumento de la media de la UE-15!
Ahora bien, hasta aquí consecuencias nefastas de la crisis. Pero lo más
relevante del tema, y que el informe no enfatiza, es que los incrementos tan
drásticos de la desigualdad son a su vez causantes de que no salgamos de las crisis,
no solo consecuencia de la misma! En particular, referente al empleo (siendo
España el país con la mayor tasa de desempleo de toda la UE, ascendiendo ya casi al 25%),
la alta desigualdad está dificultando los
ajustes necesarios del mercado laboral. No solo por la rigidez
institucional del mismo, sino porque cuando la distribución del ingreso es desigual,
los mercados de trabajo tienden a ser cada vez segmentados, situación constante
en España en este siglo. Por un lado se dan puestos bien pagados y estables y por
otro abundan los mal pagados y precarios (les suena?). Mercados segmentados dificultan
en extremo la flexibilidad laboral y dinamitan la demanda efectiva, ambas cosas
muy necesarias para salir de la crisis.
Los salarios han de bajar; tal es el argumento detrás de la actual política
económica en materia laboral para reducir el desempleo y reactivar la economía
española. Pero no olvidemos que en España los salarios son ya mucho más bajos
que en el resto de Europa occidental y que además el grado de polarización en el mercado laboral español,
como los datos reflejan, ha sido mayor que el de nuestros socios europeos. El
modelo de crecimiento español, impulsado por sectores económicos de estructura
salarial desigual (la construcción y el turismo), permitió la polarización y el
posterior crecimiento de la desigualdad. Los salarios más bajos (los que
precisamente se supone que tienen que bajar) son hoy en día ya muy bajos! Los trabajadores
no están dispuestos a aceptar más ajustes a la baja. Echad un vistazo a los recientes
conflictos sociales en toda España. Salarios significativamente más bajos de
los trabajadores poco cualificados en España en comparación al resto de
eurozona, hacen de los ajustes
salariales a la baja mucho más difíciles de digerir. Bajo similares
características institucionales, un nivel inferior de la distribución del
ingreso en España, asociado a un mercado
laboral menos polarizado, facilitaría la recuperación mediante un margen mayor
de flexibilidad salarial más llevadera: con menor desempleo, menor
exclusión y conflicto social y mayor respeto de los derechos sociales básicos.
Tanto si queremos que la crisis tenga menor repercusión social y menor
sufrimiento, como si queremos que la recuperación económica sea más rápida y
estable, resulta fundamental que prestemos mayor atención, y destinemos mayores
recursos, a controlar pobreza y frenar la creciente desigualdad que amenaza
nuestra misma cohesión social y bienestar futuro.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
500 años después, nos volvemos a equivocar.
Incentivos económicos inapropiados.
La crisis económica y el hecho de que en España sus efectos sean más severos y prolongados que en la mayoría de los países nos muestra como, durante las últimas décadas, hemos cometido los mismos errores que cometimos hace más de 500 años. Nuestra falta de memoria histórica nos ha hecho volver a caer en un modelo económico inapropiado que, desde la abundancia, nos llevó al estancamiento.
Hace más de 500 años, en la época en que Colón llegó a América, España era una potencia industrial europea. El sector manufacturero de España era diverso y competitivo y España exportaba gran variedad de productos elaborados a toda Europa. La colonización y las riquezas del Nuevo Mundo lo cambiaron todo. El oro, la plata y gran variedad de productos primarios empezaron a fluir hacia España. La gran riqueza repentina cambio la estructura de incentivos económicos en España. La industria dejo de ser relevante frente a la abundancia de metales preciosos y productos agrícolas provenientes del otro lado del Atlántico. Así, empezó a ser más fácil e interesante dedicarse a vender estos productos agrícolas al exterior y usar la abundancia de oro y plata para comprar de otros países productos más intensivos en mano de obra e ingenio y por ende más elaborados. El resultado fue una paulatina desindustrialización española, el fin del gran poder del Reino de España, el asenso de otras potencias europeas y un largo periodo en el que nuestro país pasó a un segundo plano en el desarrollo económico y social en Europa. La riqueza que llegaba a España acabó en Holanda e Inglaterra, verdaderos beneficiarios de las conquistas españolas en tierras americanas, mientras España misma terminó sin oro y sin industria.
La historia económica de España en esta época ha sido bastante estudiada entre los economistas como una experiencia nefasta que ejemplifica políticas económicas y modelos económicos equivocados, frente a la historia económica mucho más exitosa de Inglaterra y Holanda durante la misma época. En estos países, sin el acceso tan abundante a oro y plata y materias primas, los incentivos económicos, y las políticas que se siguieron, potenciaron la importación de esas materias primas escasas y la exportación de productos elaborados, desarrollando así un fuerte sector industrial que fue la base de su desarrollo económico. También fue la base de un desarrollo social pues la industrialización permitió generar empleo de forma masiva, integrar la sociedad y establecer bases sólidas para el triunfo de la democracia.
Afortunadamente, y puesto que ningún mal es eterno, España consiguió enmendar poco a poco sus errores, restablecer un sistema correcto de incentivos económicos y volver a desarrollar una industria competitiva y conseguir un desarrollo económico y social que volvió al país a estar con las potencias europeas hacia finales del siglo XX.
Desafortunadamente, cuando la lección de siglos atrás parecía estar bien aprendida, hemos vuelto a caer en nuestros errores. Esta vez no han sido las minas de plata y oro en Potosí y Jalisco, las que nos han llevado a un sistema de incentivos económicos equivocados que destruyan nuestra industria y nuestro empleo. Esta vez han sido las “minas” de playa y sol del Mediterráneo. Durante años nos hemos dedicado a construir en nuestro litoral, con la consecuente degradación medioambiental, y a enriquecernos con la valorización constante del sector inmobiliario y el crecimiento del turismo. ¿Para qué ser más productivos y competentes en industrias punteras si podemos simplemente construir y disfrutar de las ganancias de un mercado permanentemente en expansión? Hemos pensado. Así, hemos vuelto a descuidar nuestra industria, nuestra productividad y nuestros deseos por ser cada vez mejores en lo que hacemos. Frente al puje de otros países, hemos vuelto a tomar la vía “fácil” para enriquecernos sin pensar en las pobres consecuencias a largo plazo.
Ahora que el enriquecimiento fácil se ha acabado, que nos hemos dado de bruces contra la realidad y vemos como nuestro modelo económico de turismo y construcción se viene abajo, volvemos a sufrir de la falta de alternativas y vemos como el desempleo vuelve a niveles preocupantemente altos mientras, nuevamente países como Holanda, a pesar de las dificultades globales, goza de tasas de desempleo equivalentes a una cuarta parta de las nuestras, gracias a sus políticas económicas acertadas, una industria diversificada y competitiva y una fuerte capacidad de adaptación y desarrollo tecnológico.
Deberíamos volver a darnos cuenta de que la verdadera riqueza no está en esas “minas” que explotamos hasta el agotamiento mientras descuidamos el resto de nuestra economía. Deberíamos darnos cuenta de que la verdadera riqueza, como los buenos economistas han sabido desde siglos, está en incentivos económicos adecuados que desarrollen un tejido económico variado, productivo y competitivo, fuerte, que genere empleo masivo y seguro. Tiene que volver a ser más interesante para el capital privado, y prioridad de la política económica pública, la inversión en industrias punteras, con fuertes componentes tecnológicos pero intensivas en mano de obra (para devolver el paro a tasas razonables), que tengan un progreso futuro garantizado y sean capaces de competir a nivel mundial. Más aún, nuestros recursos deben ser aprovechados de forma productiva y variada y no concentrados solamente en la inversión inmobiliaria como en las últimas décadas.
Ojala no volvamos a tardar siglos en remediar nuestros errores en materia económica y en recuperar una industria y una economía que permitan de nuevo un mayor desarrollo social sostenible, y nadie tenga que volver a escribir, 500 siglos después, como España vuelve a ser un ejemplo de un modelo económico equivocado a largo plazo.
La crisis económica y el hecho de que en España sus efectos sean más severos y prolongados que en la mayoría de los países nos muestra como, durante las últimas décadas, hemos cometido los mismos errores que cometimos hace más de 500 años. Nuestra falta de memoria histórica nos ha hecho volver a caer en un modelo económico inapropiado que, desde la abundancia, nos llevó al estancamiento.
Hace más de 500 años, en la época en que Colón llegó a América, España era una potencia industrial europea. El sector manufacturero de España era diverso y competitivo y España exportaba gran variedad de productos elaborados a toda Europa. La colonización y las riquezas del Nuevo Mundo lo cambiaron todo. El oro, la plata y gran variedad de productos primarios empezaron a fluir hacia España. La gran riqueza repentina cambio la estructura de incentivos económicos en España. La industria dejo de ser relevante frente a la abundancia de metales preciosos y productos agrícolas provenientes del otro lado del Atlántico. Así, empezó a ser más fácil e interesante dedicarse a vender estos productos agrícolas al exterior y usar la abundancia de oro y plata para comprar de otros países productos más intensivos en mano de obra e ingenio y por ende más elaborados. El resultado fue una paulatina desindustrialización española, el fin del gran poder del Reino de España, el asenso de otras potencias europeas y un largo periodo en el que nuestro país pasó a un segundo plano en el desarrollo económico y social en Europa. La riqueza que llegaba a España acabó en Holanda e Inglaterra, verdaderos beneficiarios de las conquistas españolas en tierras americanas, mientras España misma terminó sin oro y sin industria.
La historia económica de España en esta época ha sido bastante estudiada entre los economistas como una experiencia nefasta que ejemplifica políticas económicas y modelos económicos equivocados, frente a la historia económica mucho más exitosa de Inglaterra y Holanda durante la misma época. En estos países, sin el acceso tan abundante a oro y plata y materias primas, los incentivos económicos, y las políticas que se siguieron, potenciaron la importación de esas materias primas escasas y la exportación de productos elaborados, desarrollando así un fuerte sector industrial que fue la base de su desarrollo económico. También fue la base de un desarrollo social pues la industrialización permitió generar empleo de forma masiva, integrar la sociedad y establecer bases sólidas para el triunfo de la democracia.
Afortunadamente, y puesto que ningún mal es eterno, España consiguió enmendar poco a poco sus errores, restablecer un sistema correcto de incentivos económicos y volver a desarrollar una industria competitiva y conseguir un desarrollo económico y social que volvió al país a estar con las potencias europeas hacia finales del siglo XX.
Desafortunadamente, cuando la lección de siglos atrás parecía estar bien aprendida, hemos vuelto a caer en nuestros errores. Esta vez no han sido las minas de plata y oro en Potosí y Jalisco, las que nos han llevado a un sistema de incentivos económicos equivocados que destruyan nuestra industria y nuestro empleo. Esta vez han sido las “minas” de playa y sol del Mediterráneo. Durante años nos hemos dedicado a construir en nuestro litoral, con la consecuente degradación medioambiental, y a enriquecernos con la valorización constante del sector inmobiliario y el crecimiento del turismo. ¿Para qué ser más productivos y competentes en industrias punteras si podemos simplemente construir y disfrutar de las ganancias de un mercado permanentemente en expansión? Hemos pensado. Así, hemos vuelto a descuidar nuestra industria, nuestra productividad y nuestros deseos por ser cada vez mejores en lo que hacemos. Frente al puje de otros países, hemos vuelto a tomar la vía “fácil” para enriquecernos sin pensar en las pobres consecuencias a largo plazo.
Ahora que el enriquecimiento fácil se ha acabado, que nos hemos dado de bruces contra la realidad y vemos como nuestro modelo económico de turismo y construcción se viene abajo, volvemos a sufrir de la falta de alternativas y vemos como el desempleo vuelve a niveles preocupantemente altos mientras, nuevamente países como Holanda, a pesar de las dificultades globales, goza de tasas de desempleo equivalentes a una cuarta parta de las nuestras, gracias a sus políticas económicas acertadas, una industria diversificada y competitiva y una fuerte capacidad de adaptación y desarrollo tecnológico.
Deberíamos volver a darnos cuenta de que la verdadera riqueza no está en esas “minas” que explotamos hasta el agotamiento mientras descuidamos el resto de nuestra economía. Deberíamos darnos cuenta de que la verdadera riqueza, como los buenos economistas han sabido desde siglos, está en incentivos económicos adecuados que desarrollen un tejido económico variado, productivo y competitivo, fuerte, que genere empleo masivo y seguro. Tiene que volver a ser más interesante para el capital privado, y prioridad de la política económica pública, la inversión en industrias punteras, con fuertes componentes tecnológicos pero intensivas en mano de obra (para devolver el paro a tasas razonables), que tengan un progreso futuro garantizado y sean capaces de competir a nivel mundial. Más aún, nuestros recursos deben ser aprovechados de forma productiva y variada y no concentrados solamente en la inversión inmobiliaria como en las últimas décadas.
Ojala no volvamos a tardar siglos en remediar nuestros errores en materia económica y en recuperar una industria y una economía que permitan de nuevo un mayor desarrollo social sostenible, y nadie tenga que volver a escribir, 500 siglos después, como España vuelve a ser un ejemplo de un modelo económico equivocado a largo plazo.
martes, 9 de febrero de 2010
Saliendo de la crisis the spanish way.
A principios de la crisis escribí un artículo (Eficiencia y Crisis) abogando por políticas nacionales e internacionales encaminadas principalmente a la creación de empleo y la capacitación. En el ámbito empresarial abogaba por una reflexión sobre la productividad y la necesidad de recuperar eficiencia, principalmente la eficiencia gerencial; el control de los costos NO productivos. Sigo creyendo que el análisis tiene especial relevancia en España.
Estos días estamos viendo como de nuevo la bolsa se resiente significativamente. La aparente recuperación económica de finales de 2009 se ha transformado en previsiones pesimistas para 2010 acompañadas de alarmadores indicadores económicos; el principal de ellos una tasa de paro que amenaza superar el 20%!
La mayoría de empresas españolas en aprieto han aprendido la lección; han sabido reducir sus costos para intentar seguir siendo competitivas. ¿Cómo? The spanish way!. Claro. Estamos viviendo una situación en la que las empresas se están adaptando a la inversa; reduciendo costos productivos en vez de improductivos! Y la forma más fácil de hacer esto es despidiendo trabajadores; de ahí nuestra “hermosa” cifra de paro.
Las empresas deberían estar trabajando en recuperar el crecimiento de la productividad, de vital importancia en una verdadera recuperación económica, al igual que reduciendo costos innecesarios (x-inefficiency) como los lujos empresariales y demás (a los que hice referencia en mi artículo anterior) y sobre todo los altísimos salarios y bonos de directivos. Por el contrario la respuesta ha sido reducir plantillas y, ahora con la ayuda del gobierno, reducir salarios.
La adaptación a la crisis en España está siendo absorbida por el mercado laboral. Mayor desempleo, salarios más bajos y mayor precariedad. Que a su vez se traduce en menor demanda y mayor contracción económica. Al mismo tiempo que tenemos mismas tasas de productividad, iguales tecnologías, en muchos casos anticuadas, igual despilfarro energético, sectores internacionalmente solo competitivos gracias a subsidios y salarios inferiores, dependencia cada vez mayor del turismo y sectores derivados y creciente presión sobre nuestros recursos naturales.
¿A que me suena familiar lo anterior? Si no encabezará el párrafo haciendo referencia a España, convencería a cualquiera de que estamos hablando de una economía en fases iníciales de desarrollo económico; tal vez en América Latina o incluso en África! A eso es a lo que estamos llevando la economía española con nuestra salida de la crisis the spanish way.
¿Qué debemos hacer?
Si queremos realmente que la crisis sea, como en mandarín, una oportunidad para reforzar nuestra economía, tenemos que cambiar muchas respuestas que estamos adoptando frente a sus desafíos.
En cuanto a política económica es verdad que hacen falta reformas. Reformas que garanticen el desarrollo económico a largo plazo, no simples reformas a corto plazo que busquen salidas de “supervivencia” para las empresas. Sin embargo, lo primero y fundamental por múltiples razones (económicas, políticas, sociales y humanas) es recuperar el empleo y con ello la demanda y la buena actividad económica. En este sentido dos mercados son clave: el laboral y el inmobiliario.
En el mercado laboral más que reformas que precaricen el trabajo hacen falta medidas que faciliten y regulen la contratación (como la regulación de contratos en prácticas que lo único que están generando es mayor desempleo de personal cualificado y menor productividad), medidas de recapacitación para que desempleados de sectores en caída puedan trabajar en otros sectores y medidas de fomento para el trabajo autónomo. De igual forma medidas que faciliten la creación empresarial.
En el mercado inmobiliario la clave está en reformas de flexibilidad (bajada) de precios, regulación de la reclasificación de la tierra y planes de reactivación de la compra-venta. Es totalmente absurdo que los precios de la vivienda sigan en los niveles que están a pesar de la crisis económica y de las bajadas fuertísimas en otros países, muchos en mejores situaciones. Una mayor oferta pública que genere competencia y posibilidades reales de compra para jóvenes sin necesidad de créditos extraordinarios puede ser una buena medida, consiguiendo a la vez reactivación sostenible del sector y generación de empleo (con la construcción).
Reactivada la economía y el empleo podemos hablar en una perspectiva temporal un poco más amplia. Hace falta transformar industrias del pasado. Muchos sectores industriales no son actualmente eficientes ni competitivos a nivel internacional. Las empresas que los componen tienen que modernizarse o encontrar nuevos desarrollos empresariales (nuevas técnicas de gestión, nuevos productos o mercados, etc) que les den viabilidad económica a largo plazo más allá de la reducción de costos laborales. Por otro lado, España tiene que diversificarse; no podemos seguir dependiendo de sectores volátiles como la construcción y el turismo. Paralelo a todo el proceso, como ya se ha mencionado, España ha de conseguir incrementar la productividad de su trabajo mediante programas de constante capacitación, movilidad laboral, incentivos al desarrollo empresarial, competencia sana, adopción de mejores tecnologías, etc.
Otras reformas necesarias involucran las de fomento industrial. Más que subsidiar industrias ineficientes (que es lo que el gobierno ha venido haciendo con parte del plan E) y que lo único que hace es post-poner el problema, se deberían destinar más recursos al desarrollo de nuevas industrias con mayor potencial de desarrollo. Inversiones que generen empleo a corto plazo a la vez que desarrollo económico a largo plazo. Un ejemplo positivo han sido las grandes inversiones en infraestructuras (AVE, puertos y otras).
En cuanto al sector financiero, aún esperamos reformas importantes y eficaces a nivel nacional e internacional. El crédito sigue siendo fundamental para el desarrollo empresarial y el buen funcionamiento de la economía, lo que está claro es que hace falta una mayor regulación de la gestión de los bancos y de las transacciones de grandes capitales de forma que los recursos financieros tengan destinos productivos y no especulativos y no generen la inestabilidad de estos años. A nivel nacional, mayores fondos de reserva anti cíclicos y a nivel internacional, sincronización de sistemas fiscales entre países, supervisión de diferenciales en tasas de interés y tipos de cambio entre monedas y mayor transparencia en inversiones, son todas medidas factibles que pueden tener muy buenos efectos estabilizadores.
Por último, no hay que tener miedo a un déficit fiscal algo más elevado a los de recientes años para estimular la economía y salir de la crisis. Siempre y cuando estos déficits generen mayor capacidad productiva y demanda sostenida, no especulativa, y que estén financiados de forma que se garantice la estabilidad fiscal futura.
En todo caso, está claro que la buena y sostenida salida de la crisis requiere cambios importantes tanto en el sector público - política económica - como privado empresarial - inversiones, procesos productivos y gerenciales - (sin olvidar nuestros propios hábitos de consumo y ahorro).
David Castells Quintana
www.decastells.blogspot.com
Estos días estamos viendo como de nuevo la bolsa se resiente significativamente. La aparente recuperación económica de finales de 2009 se ha transformado en previsiones pesimistas para 2010 acompañadas de alarmadores indicadores económicos; el principal de ellos una tasa de paro que amenaza superar el 20%!
La mayoría de empresas españolas en aprieto han aprendido la lección; han sabido reducir sus costos para intentar seguir siendo competitivas. ¿Cómo? The spanish way!. Claro. Estamos viviendo una situación en la que las empresas se están adaptando a la inversa; reduciendo costos productivos en vez de improductivos! Y la forma más fácil de hacer esto es despidiendo trabajadores; de ahí nuestra “hermosa” cifra de paro.
Las empresas deberían estar trabajando en recuperar el crecimiento de la productividad, de vital importancia en una verdadera recuperación económica, al igual que reduciendo costos innecesarios (x-inefficiency) como los lujos empresariales y demás (a los que hice referencia en mi artículo anterior) y sobre todo los altísimos salarios y bonos de directivos. Por el contrario la respuesta ha sido reducir plantillas y, ahora con la ayuda del gobierno, reducir salarios.
La adaptación a la crisis en España está siendo absorbida por el mercado laboral. Mayor desempleo, salarios más bajos y mayor precariedad. Que a su vez se traduce en menor demanda y mayor contracción económica. Al mismo tiempo que tenemos mismas tasas de productividad, iguales tecnologías, en muchos casos anticuadas, igual despilfarro energético, sectores internacionalmente solo competitivos gracias a subsidios y salarios inferiores, dependencia cada vez mayor del turismo y sectores derivados y creciente presión sobre nuestros recursos naturales.
¿A que me suena familiar lo anterior? Si no encabezará el párrafo haciendo referencia a España, convencería a cualquiera de que estamos hablando de una economía en fases iníciales de desarrollo económico; tal vez en América Latina o incluso en África! A eso es a lo que estamos llevando la economía española con nuestra salida de la crisis the spanish way.
¿Qué debemos hacer?
Si queremos realmente que la crisis sea, como en mandarín, una oportunidad para reforzar nuestra economía, tenemos que cambiar muchas respuestas que estamos adoptando frente a sus desafíos.
En cuanto a política económica es verdad que hacen falta reformas. Reformas que garanticen el desarrollo económico a largo plazo, no simples reformas a corto plazo que busquen salidas de “supervivencia” para las empresas. Sin embargo, lo primero y fundamental por múltiples razones (económicas, políticas, sociales y humanas) es recuperar el empleo y con ello la demanda y la buena actividad económica. En este sentido dos mercados son clave: el laboral y el inmobiliario.
En el mercado laboral más que reformas que precaricen el trabajo hacen falta medidas que faciliten y regulen la contratación (como la regulación de contratos en prácticas que lo único que están generando es mayor desempleo de personal cualificado y menor productividad), medidas de recapacitación para que desempleados de sectores en caída puedan trabajar en otros sectores y medidas de fomento para el trabajo autónomo. De igual forma medidas que faciliten la creación empresarial.
En el mercado inmobiliario la clave está en reformas de flexibilidad (bajada) de precios, regulación de la reclasificación de la tierra y planes de reactivación de la compra-venta. Es totalmente absurdo que los precios de la vivienda sigan en los niveles que están a pesar de la crisis económica y de las bajadas fuertísimas en otros países, muchos en mejores situaciones. Una mayor oferta pública que genere competencia y posibilidades reales de compra para jóvenes sin necesidad de créditos extraordinarios puede ser una buena medida, consiguiendo a la vez reactivación sostenible del sector y generación de empleo (con la construcción).
Reactivada la economía y el empleo podemos hablar en una perspectiva temporal un poco más amplia. Hace falta transformar industrias del pasado. Muchos sectores industriales no son actualmente eficientes ni competitivos a nivel internacional. Las empresas que los componen tienen que modernizarse o encontrar nuevos desarrollos empresariales (nuevas técnicas de gestión, nuevos productos o mercados, etc) que les den viabilidad económica a largo plazo más allá de la reducción de costos laborales. Por otro lado, España tiene que diversificarse; no podemos seguir dependiendo de sectores volátiles como la construcción y el turismo. Paralelo a todo el proceso, como ya se ha mencionado, España ha de conseguir incrementar la productividad de su trabajo mediante programas de constante capacitación, movilidad laboral, incentivos al desarrollo empresarial, competencia sana, adopción de mejores tecnologías, etc.
Otras reformas necesarias involucran las de fomento industrial. Más que subsidiar industrias ineficientes (que es lo que el gobierno ha venido haciendo con parte del plan E) y que lo único que hace es post-poner el problema, se deberían destinar más recursos al desarrollo de nuevas industrias con mayor potencial de desarrollo. Inversiones que generen empleo a corto plazo a la vez que desarrollo económico a largo plazo. Un ejemplo positivo han sido las grandes inversiones en infraestructuras (AVE, puertos y otras).
En cuanto al sector financiero, aún esperamos reformas importantes y eficaces a nivel nacional e internacional. El crédito sigue siendo fundamental para el desarrollo empresarial y el buen funcionamiento de la economía, lo que está claro es que hace falta una mayor regulación de la gestión de los bancos y de las transacciones de grandes capitales de forma que los recursos financieros tengan destinos productivos y no especulativos y no generen la inestabilidad de estos años. A nivel nacional, mayores fondos de reserva anti cíclicos y a nivel internacional, sincronización de sistemas fiscales entre países, supervisión de diferenciales en tasas de interés y tipos de cambio entre monedas y mayor transparencia en inversiones, son todas medidas factibles que pueden tener muy buenos efectos estabilizadores.
Por último, no hay que tener miedo a un déficit fiscal algo más elevado a los de recientes años para estimular la economía y salir de la crisis. Siempre y cuando estos déficits generen mayor capacidad productiva y demanda sostenida, no especulativa, y que estén financiados de forma que se garantice la estabilidad fiscal futura.
En todo caso, está claro que la buena y sostenida salida de la crisis requiere cambios importantes tanto en el sector público - política económica - como privado empresarial - inversiones, procesos productivos y gerenciales - (sin olvidar nuestros propios hábitos de consumo y ahorro).
David Castells Quintana
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